I-6 Conflicto y Estructura             

Autor: Johannes C. Ehrenthal • Susanne Hörz-Sagstetter

Una característica especial de los métodos psicodinámicos reside en la pretensión de las teorías subyacentes de contribuir también a una psicología general, es decir, explicar cómo son las personas y qué las mueve. Aunque estas ideas de una metapsicología han pasado cada vez más a un segundo plano en la psicología no psicoanalítica, así como en las comunidades psicoanalíticas, sin embargo, siguen influyendo en el pensamiento clínico. Incluso, a diferencia de muchas otras escuelas terapéuticas, es posible rastrear y analizar los supuestos implícitos, en la historia de la teoría. El centro de los procesos psicodinámicos son los conceptos de Conflicto y Estructura. Por lo tanto, en este capítulo, como anticipo de los capítulos 22 y 23, los relaciono entre sí.

6.1 ¿Qué es un Conflicto y qué es una Estructura?

Concepto de Conflicto

El Conflicto como condición básica, principio organizativo y, al mismo tiempo, obstáculo para el desarrollo humano, siempre ha estado en el centro de la teorización psicodinámica.

Las primeras ideas de Freud consideraban que eran la causa de las ideas conflictivas en el ego. Los modelos posteriores describen a las pulsiones conflictivas (pulsiones del ego vs. sexualidad, agresión vs. sexualidad, instinto de vida vs. instinto de muerte) en primer plano (Benecke, 2014a; véase el capítulo 6).

Con la formulación del modelo estructural de la psique, los Conflictos entre diferentes instancias pasaron a primer plano (véase el capítulo 4). A menudo, pero no exclusivamente, se describían “impulsos pulsionales” que buscan satisfacción, los cuales son incompatibles con las prohibiciones del superyó y requieren la intervención mediadora del ego, que en el mejor de los casos conducen a un compromiso exitoso.

Aquí inicialmente son calificados como dinámicos y promotores del desarrollo, siempre y cuando se alcance un cierto grado de satisfacción de las necesidades y la tensión por conflicto siga siendo manejable (Schüßler, 2000).

El proceso se vuelve neurótico cuando las vulnerabilidades derivadas del desarrollo biográfico, respecto a ciertas cuestiones vitales, son tan “difíciles” que, al estimularse contenidos relacionados – a menudo como posibilidad (“tentación”) o como imposibilidad (“frustración” / “fracaso”) de su satisfacción – el nivel interno de ansiedad aumenta hasta tal punto que la defensa contra los deseos asociados al tema (vital) se vuelve inflexible o insuficiente y pueden surgir síntomas.

Importante Considerados como “cuestiones vitales”, los temas de conflicto favorecen el desarrollo, siempre que estén gestionados de manera flexible, sean suficientemente conscientes o adecuados a la situación vital interior y exterior (“integrados”). Se vuelven “neuróticamente disfuncionales” cuando las situaciones de tentación y fracaso superan las capacidades de afrontamiento del individuo.

Mientras que los conceptos de la teoría pulsional veían las “fijaciones” zonales o modalidades fijas en determinadas de fases del desarrollo psicosexual, como constitutivas de las vulnerabilidades neuróticas posteriores, la Psicología del yo se centraba principalmente en la adaptabilidad y las dificultades de las constelaciones de defensivas. Desarrollos posteriores, como las escuelas de la teoría de las Relaciones objetales y la Psicología del Self, permitieron una visión más diferenciada. Dependiendo, entonces, de la tradición teórica, los Conflictos pueden referirse a muy diferentes áreas temáticas. En el capítulo 22 se ofrece una visión general de las conceptualizaciones actuales. Para el diagnóstico y el tratamiento, hay que tener en cuenta, sobre todo, que las experiencias de relación y su interiorización han adquirido más importancia, de ahí que el concepto de Conflicto puede ampliarse a las representaciones de uno mismo y de los demás (McWilliams, 2011, pp. 31-41). Además, se considera cada vez más la influencia de la traumatización temprana y la negligencia, y sus procesamientos en el desarrollo, de déficits o daños en la Estructura Psíquica (véanse los capítulos 30 y 31). Esto último se describe brevemente en la siguiente sección.

Concepto de Estructura

La teorización psicodinámica temprana incluía una serie de conceptos estructurales: el modelo topográfico y el modelo de tres instancias (véase el capítulo 4). Mas tarde desde diferenciación de la Psicología del yo, Hartmann (1939, citado en Doering & Hörz, 2012b, cap. 1) describió una forma de “debilidad del yo” que es independiente del conflicto neurótico y que debe entenderse como “primaria”.

Otro enfoque entiende la Estructura como una disposición relativamente estable de rasgos de personalidad y sus constelaciones de defensas, en el sentido de una “tipología” de caracteres, de una “organización” del carácter, o también de una “estructura” de la neurosis.

Hoy en día, otros modelos pueden encontrarse (Doering y Hörz, 2012b). Hoy, el concepto Estructural de Kernberg y el incluido en el Diagnóstico Psicodinámico Operacionalizado (OPD-3), se utilizan habitualmente.

El modelo de patología Estructural de Kernberg.

Kernberg (1992) hace hincapié en las dimensiones relevantes para el diagnóstico diferencial, al distinguir varios niveles de “organización” de la personalidad (sinónimo de “nivel” estructural). Estas características consisten en:

> la integración de la identidad (en un continuo que va de la integrada a la patológica),

> el uso predominante de mecanismos de defensa maduros frente a mecanismos inmaduros,

> la capacidad de comprobar la (prueba de) realidad, y, además,

> cómo se tratan la agresión, los valores interiorizados y las relaciones objetales.

El nivel de organización de la personalidad puede evaluarse en función del grado de alteración en estas dimensiones, en varios niveles: desde la organización de la personalidad normal a la neurótica, desde la limítrofe a la psicótica (Kernberg, 2000; véase el Cap. 23). Los puntos fuertes particulares del modelo de Kernberg residen en un diagnóstico dimensional contemporáneo, una derivación coherente a partir de la teoría psicoanalítica clásica, y una estrecha conexión con el método de tratamiento de la psicoterapia centrada en la transferencia (PTF; Yeomans et al., 2017).

OPD.

El eje IV “Estructura Psíquica” del Diagnóstico Psicodinámico Operacionalizado (OPD- 3; en su versión actual, describe, bajo el supuesto de un déficit de desarrollo, la Estructura como: “la disponibilidad de funciones psicológicas en la regulación del Self y su Relación con los Objetos internos y externos” (Grupo de trabajo OPD, 2023, p. 196; véase también Ehrenthal, 2014). Esto implica toda una gama de características estructurales o déficits, ya sea en relación con el Self o en relación con los Objetos y abarca cinco áreas diferentes:

— Percepción y Conocimiento

— Regulación / Control

— Comunicación emocional

— Apego (vinculación)

— Defensa (reintroducida en el OPD-3)

Sumando las facetas del Self y los Objetos, da como resultado ocho dimensiones, cada una de las cuales contiene a su vez tres habilidades estructurales.

Además, en el OPD-3, la Defensa se añadió como una dimensión adicional en la que se pueden mapear los déficits y los puntos estructurales fuertes. Las fortalezas del diagnóstico estructural OPD radican la integración de distintos enfoques del tema de la Estructura y su similitud con los conceptos dimensionales actualmente indicados para el diagnóstico de los trastornos de la personalidad (Zimmermann et al., 2012), para otras variables clínicas (Vierl et al., 2022); y su compatibilidad con conceptos relacionados ( Hörz-Sagstetter et al., 2021; Jauk y Ehrenthal, 2021).

6.2 Conflicto y Estructura en las relaciones

Importante En el trabajo clínico, además del contenido de lo que informan los pacientes, los factores más importantes son sus ofertas de relación y la contratransferencia propia que se asocia (capítulo 2) para el diagnóstico y la terapia psicodinámicos. La configuración de las relaciones sigue dinámicas diferentes según el origen del Conflicto o la Estructura.

La conflictiva oferta de relación se caracteriza por estar alimentada de deseos internos y de sus defensas. Debido al -a menudo inconsciente – miedo a ser rechazado por los demás y por uno mismo, debido a estos deseos, la otra persona en la interacción se ve incitada (inducida) a actuar de manera rechazante, acorde con este miedo. Esto, en última instancia, apoya o refuerza la defensa, pero al mismo tiempo defrauda / decepciona el lado deseante, lo que contribuye a la “estabilidad del arreglo” neurótico (Grande, 2007).

Las dificultades estructurales de la personalidad conducen, a la hora de configurar la interacción, a una clara exigencia hacia la otra persona, para que regule también la relación. O bien se produce una “agudización” de la dinámica deseo-defensa (por ejemplo, deseos de cercanía sin filtros, con bruscos esfuerzos por distanciarse), ya que faltan las herramientas necesarias de percepción, regulación, contacto emocional y las habilidades de vinculación. En este punto, la otra persona suele sentirse obligada a asumir una gran responsabilidad para entender lo que está pasando, captar/ contener los afectos del paciente y controlar sus propios impulsos contra transferenciales. Otra posibilidad existe como parte de un intento de proteger el Yo, a menudo cuando es fuerte la fragilidad interior del paciente. Aquí, con frecuencia, la regulación de la cercanía y la distancia es a menudo un reto particular (Ehrenthal y Grande, 2014). Además de la diferente configuración de las relaciones, también son importantes otros aspectos de la relación entre Conflicto y Estructura

6.3 Diferenciación entre Conflicto y Estructura

Importante
La relevancia de la distinción entre Conflicto y Estructura surge de dos supuestos centrales interrelacionados: (1) La diferencia en la fenomenología, etiología y dinámica de los Trastornos debidos a Conflictos frente a los Trastornos Estructurales (2) La necesidad de adaptar las actitudes, estrategias y técnicas terapéuticas a esta diferencia.

Esto corresponde tanto a los muchos años de experiencia de los psicoterapeutas psicodinámicos, como a una teoría de la estructura, parcialmente basada en la investigación, que existe desde hace unos 100 años. El núcleo de estas consideraciones es ofrecer a los pacientes un nivel óptimo de exigencia en los tratamientos. En otras palabras: las personas con fallas estructurales no deben ser sobrecargadas en el tratamiento, las personas sin limitaciones estructurales no deberían recibir un desafío insuficiente (Ehrenthal, 2017a).

En particular el tratamiento de personas con trastornos estructurales del desarrollo de la personalidad requiere una adaptación de las actitudes y estrategias terapéuticas (véase el capítulo 43). Así, por ejemplo, un mayor nivel de actividad por parte de los terapeutas, una mayor dosis terapéutica, un enfoque y un marco claro, trabajar con lo que ocurre en el presente, y una mayor experiencia por parte del profesional, son factores que mejoran la psicoterapia para personas con trastornos Estructurales (véase Dammann, 2014a; Ehrenthal & Kramer, 2020).

Un estudio de Høglend et al. (2008) demostró que el tipo de intervención, en este caso las interpretaciones de la transferencia (véase el capítulo 12) mostraron efectos diferentes para los distintos niveles estructurales: especialmente, para las personas con un nivel Estructural más bajo y rasgos de personalidad más dependientes-evitadores, fueron más útiles los tratamientos que no incluían interpretaciones de la transferencia, lo que demuestra que es útil ajustar la técnica del terapeuta al nivel de estructura del paciente

Al mismo tiempo, no siempre es útil tratar a las personas con trastornos relacionados con el Conflicto del mismo modo que a aquellas con patología estructural: un nuevo análisis del estudio antes mencionado de Dahl et al. (2014) mostró que las personas con más limitaciones relacionadas con el Conflicto se beneficiaban algo menos cuando sus terapeutas eran muy “paternales” y, por tanto, posiblemente demasiado dominantes en sus interpretaciones de la relación.

Rudolf (2010) es probablemente quien más de manera clara ha destacado la diferencia entre Conflicto y Estructura en relación con las estrategias de tratamiento. La Escala de Reestructuración de Heidelberg (HSCS; Rudolf et al. et al., 2000), la selección de los focos de Estructura frente a los de Conflicto también puede utilizarse para priorizar con respecto al trabajo orientado a la Estructura frente al orientado al Conflicto. La escala también puede utilizarse para cartografiar de forma fiable y probar empíricamente los cambios (véase el capítulo 18).

Psicoterapia orientada al Conflicto. Sus objetivos: tomar conciencia del actual conflicto intrapsíquico y comprenderlo sobre el trasfondo o contexto de la tensión de conflictos biográficos. Se centra en hacer experienciables las necesidades específicas del Conflicto, los patrones de defensa y regulación, y trabaja en la flexibilización y modificación de exigencias, prohibiciones y rigor hacia uno mismo. Esto puede aplicarse, especialmente, en terapias de larga duración, dentro de la constelación de transferencia-contratransferencia de la relación terapéutica, teniendo en cuenta o profundizando los procesos regresivos. El objetivo es lograr una mayor libertad interior contra un mundo interior caracterizado por enredos neuróticos.

Psicoterapia basada en la Estructura. Por el contrario, un enfoque basado en la Estructura pretende ayudar a los pacientes a desarrollar una imagen realista y diferenciada de sí mismos y de los demás, y así llevarse mejor consigo mismo y con los Otros; desarrollar la capacidad de controlar y tomar distancia de los impulsos internos y en la regulación de las relaciones. Además, se busca que el Self y su aspecto físico (corporalidad), se experimenten de forma más vívida y más holística (integral); que las Relaciones sean más amistosas y empáticas.  Habilitar la relación con los Objetos interiores benévolos (Rudolf, 2013) y fortalecer la capacidad de relacionarse. El enfoque terapéutico es activo, se limita la regresión, se fortalecen las funciones yoicas. A menudo, los terapeutas adoptan una actitud parental (véase también Ehrenthal & Grande, 2014). Especialmente en el caso de las terapias focales más cortas, como la hospitalización, se recomienda No trabajar la transferencia (Ehrenthal, 2017b; Ehrenthal y Dinger, 2019).

Conclusiones. Cabe esperar que las personas con trastornos relacionados con Conflictos asuman la responsabilidad por sus deseos reprimidos, porque disponen de las herramientas estructurales necesarias, es decir, están realmente en condiciones de: atreverse a hacer algo, de confiar en sí mismos, de abstenerse de hacer algo, de lamentarse por algo, de tomar conciencia de algo. Las personas con trastornos Estructurales pueden asumir la responsabilidad sobre la forma en que manejan sus dificultades: No actuar inmediatamente, percibir algo desde varios ángulos, encontrar una manera de manejar los sentimientos y los impulsos, tratar a sí mismas y a los demás, de una manera más amistosa.

Vinculación entre Conflicto y Estructura

Aunque, para la planificación del tratamiento, es crucial poder distinguir, tras una evaluación diagnóstica precisa, el alcance de la limitación estructural del paciente, la distinción dicotómica descrita anteriormente no es la única perspectiva del Conflicto y la Estructura. Así, el grado de desintegración estructural es mejor verlo como una dimensión continua, aunque, desde la perspectiva de un terapeuta, los déficits estructurales pronunciados se perciban cualitativamente diferentes a los trastornos relacionados con el Conflicto, y una categorización dicotómica sea una buena heurística.

Al mismo tiempo, las personas con trastornos de la personalidad naturalmente también tienen motivos (conflictos) que se repiten en sus vidas y que les hacen únicos en su personalidad y sus objetivos vitales (grupo de trabajo OPD, 2023).

Y, por último, algunos métodos eficaces funcionan en el tratamiento de los trastornos de la personalidad, como la Psicoterapia Centrada en la Transferencia, que trabajan explícitamente con el supuesto de que la elaboración de significados (es decir, con la interpretación como técnica central), en relación con material conflictivo, conduce a una mayor integración de la personalidad.

Probablemente tenga sentido visualizar los temas motivacionales en una dimensión estructural: desde una experiencia integrada, pasando por una tensión por conflicto, hasta la escisión y desintegración de los deseos individuales y su defensa. La figura 6.1 ilustra prototípicamente cómo los motivos (Sistemas motivacionales) pueden evolucionar desde un buen nivel, pasando por niveles moderado y bajo, hasta la desintegración del nivel estructural.

Las formas grises oscuras representan el Self, las claras el motivo. Este último, con el aumento del deterioro estructural, adquiere inicialmente una polaridad en la que un lado del motivo enfatiza en la percepción y apariencia, según elmodo de procesamiento, mientras que el otro lado es defendido (rechazado / reprimido), ambas al servicio de una defensa contra la ocupación / elaboración (conciencia) del tema. Esto puede crear inicialmente una tensión “neurótica” que, con un aumento de los procesos de escisión y proyección, conduce a una externalización y desconexión subjetiva con los temas de la experiencia del Self.  

A continuación, estas gradaciones se describen utilizando un motivo de autoestima.

Ejemplo
Buen nivel de integración
Descripción general. Los motivos se experimentan como parte del Self, las ambivalencias suelen estar bien integradas.
Caso: Una estudiante sabe que sacar buenas notas es importante para ella, para conseguir el trabajo que desea más adelante. Es capaz, pero también puede “dejar pasar las cosas” y a veces se sonríe cuando se pilla a sí misma sentada en su escritorio durante demasiado tiempo y con demasiada obstinación.
Moderado nivel de integración
Descripción general. Los temas de motivación se experimentan como estresantes o son difíciles de experimentar conscientemente. Existe una tensión específica del tema que, en situaciones internas o externas, desencadena experiencias y comportamientos disfuncionales. Las contradicciones son difíciles de tolerar.
Caso: Un alumno evita entrar en situaciones de evaluación. Suele entregar los deberes “en el último momento”, si es que los hace; y sólo estudia brevemente para los exámenes. Tiene expectativas muy altas, pero éstas rara vez se traducen en un buen rendimiento, a lo que responde con críticas generales al sistema universitario. Los exámenes finales provocan un gran estrés psicológico.
Bajo nivel de integración
Descripción general. Los temas motivacionales son vagamente reconocibles, pero aparecen con afectos o impulsos acompañantes intensos, por lo que, a menudo, no está claro a quién se dirigen los deseos y exigencias correspondientes:  a Si mismo o a otra persona. Los impulsos contradictorios no se experimentan como conectados, sino como “blanco o negro”, a veces como no pertenecientes al yo. Caso: Un estudiante no ha podido terminar su licenciatura porque casi nunca entrega los deberes, evita los exámenes y a menudo sólo asiste a las primeras clases. Considera, por un lado, que el “sistema estrecho de miras, en que ha degenerado la universidad, es una vergüenza para la tierra de poetas y pensadores”. Al mismo tiempo, está convencido de que podría completar todos los créditos en un semestre, si no se dedicara siempre su tiempo a su compromiso político y a escribir comentarios sobre artículos en línea, escribir comentarios sobre artículos en línea. La universidad la vive (percibe), a veces, como un objeto poderoso y vergonzoso al que tiene que someterse si le amplían de nuevo el plazo, pero más a menudo, como una madre negligente y débil a la que se puede “bailar en la nariz “.
Nivel de integración desintegrado
Descripción general. Los temas motivacionales son, durante mucho tiempo, apenas visibles o perceptibles, hasta que aparecen bruscamente, a menudo de forma contradictoria y alienante (extraña). Entonces parecen llenar todo el mundo interior y desencadenan comportamientos violentos, a veces peligrosos. El aspecto parcial que acaba de experimentar es el todo; la persona aparece ante los demás como fuertemente “sobredimensionada” (exagerada) o fragmentada. Caso: Una mujer joven, vestida de traje, aparece en varios seminarios de una carrera, llama la atención con tesis extravagantes, que sin embargo, presenta con mucha seriedad. No acepta la contradicción, por lo que al final, finalmente, es expulsada del aula. Por correo electrónico le informa a un profesor, que es una becaria del Studium Generale de Oxford y que estaba trabajando en un proyecto secreto proyecto del que no podía hablar. Tres semanas después, la joven ya no aparece en las aulas. Sin embargo, a menudo se sienta -con un estilo de vestimenta completamente diferente, frente al edificio de la cafetería y toca un tambor.

Las gradaciones (matices) entre los cuatro niveles descritos, se caracterizan por una mayor fragilidad, en los que hay que utilizar más recursos (facetas o capacidades estructurales) para regular la tensión motivacional. Así, el manejo del tema, en el rango entre bueno y moderado se hace más notorio ante / con una tensión externa o interna, hasta llegar a una sintomatología (a menudo circunscrita). En el rango entre moderado y bajo existe una vulnerabilidad marcada, que solo puede llevar a un manejo funcional de los desafíos internos y externos, con apoyo o bajo condiciones muy protegidas. Lo mismo ocurre con la gradación entre niveles de integración baja y desintegrada.

6.4 Recomendaciones para la práctica

Independientemente del área de la psicoterapia psicodinámica en la que uno se mueva, la capacidad de hacer distinciones diagnósticas e integración clínica de las características conflictivas y estructurales es muy significativa. En la práctica los siguientes puntos pueden ser útiles:

— Sea preciso en su diagnóstico.

— Una apreciación errónea de la Estructura y el Conflicto puede perturbar gravemente las recomendaciones terapéuticas y la planificación del tratamiento. Aprenda y practique modelos para evaluar, especialmente, los déficits estructurales en el desarrollo de la personalidad (cap. 23). Dedique tiempo a hablar de los pacientes difíciles de evaluar en la intervisión (?) y la supervisión. Hable también de las personas que son sorprendentemente fáciles de diagnosticar, para no pasar por alto lo esencial.

— Revise su evaluación a lo largo del tiempo.

— En función del nivel Estructural o de la dinámica del Conflicto, durante el tratamiento pueden ponerse de manifiesto cuestiones que coincidan con su evaluación inicial o que se opongan a ella. No dude en comparar esta nueva información con su diagnóstico inicial, preste atención a las posibles contradicciones, considere estas fuentes de información importantes y ajuste el diagnóstico, si es necesario. Mas tarde, cuando se dé cuenta de que el tratamiento no avanza como esperaba, debe acudir al diagnóstico del Conflicto y la Estructura, y posiblemente corregir la planificación del tratamiento. Por cierto: las posibles sobreestimaciones o subestimaciones iniciales del nivel estructural son, a menudo, valiosos indicios sobre el nivel funcional del paciente, que también pueden aprovecharse para el tratamiento.

— Formule las posibles consecuencias de su evaluación.

— En el contexto del diagnóstico y la planificación del tratamiento, describa qué limitaciones Estructurales y qué temas de Conflicto Motivacional están presentes.

Anticipe lo que esto significa para la autorregulación, para la capacidad de percibir, configurar y establecer relaciones, y qué papel puede desempeñar en su contratransferencia. Piense en qué capacidades Estructurales necesita su paciente para las próximas las siguientes tareas del desarrollo y de la vida, o qué temas / cuestiones conflictivas obstaculizan específicamente estas tareas.

— Establezca un nivel óptimo de desafío / exigencia.

— Una de las consecuencias más importantes de los diagnósticos Estructurales y de Conflicto reside en la planificación y organización (diseño) de la situación terapéutica. Las personas con trastornos estructurales requieren un enfoque terapéutico diferente al de las personas con un enfoque en los Conflictos. Lo central es, aquí, la dosificación de la regresión: las condiciones generales (marco) deben ser especialmente claras en el caso de los trastornos Estructurales, el nivel de actividad terapéutica y posiblemente también la dosis, deben ser mayores, los objetivos deben ser especialmente concretos y la específica competencia del profesional (véase el capítulo 43). Asimismo, del mismo modo que no se debe sobrecargar a las personas con limitaciones estructurales, en cuanto a exigencias en la terapia; tampoco debes sub-cargar (subestimar terapéuticamente) a las personas con problemas relacionados con Conflictos.

— Revise siempre los cambios terapéuticos teniendo en cuenta el enfoque inicial.

— Dependiendo de la orientación inicial en el trabajo (terapéutico) orientado a la Estructura o hacia el Conflicto, las terapias procederán de forma muy diferente y los cambios o “éxitos” también variarán. Tener esto en cuenta y, si es necesario, discutirlo con el paciente, supone un alivio para todos los implicados.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué la distinción entre Conflicto y Estructura es relevante para el trabajo terapéutico?

Dado que existen diferencias en la fenomenología, la etiología y la dinámica de los Conflictos frente a los trastornos estructurales, existen diferencias necesarias en la actitud (postura) terapéutica, las estrategias y las intervenciones a utilizar. Los cambios y “éxitos” esperados también dependen, en gran medida, del diagnóstico inicial y el enfoque elegido.

¿Qué es característico de las relaciones, en personas con Conflicto primario vs. patología Estructural?

Una Oferta de Relación difícil, que pueda explicarse por una patología conflictiva, se caracteriza, sobre todo, por la tensión entre los deseos internos y su defensa. Un ejemplo es una persona con un deseo / necesidad real de cuidados y afecto, que se defiende con una enorme atención (cuidado excesivo) hacia otras personas, pero exteriormente se queja de la falta de atención de los demás. Los terapeutas participan (se ven involucrados) muy sutilmente en las Ofertas de Relación que resultan de esto, o experimentan un patrón contra transferencial bastante constante.

En cambio, las dificultades Estructurales de la personalidad en la interacción con los demás representan una hacen una clara (significativa) demanda para la otra persona, para que ayude a / regule la – relación. Por ejemplo, una persona que se muestra muy indefensa y desamparada, pero que al mismo tiempo exige de manera casi autoritaria, puede desencadenar, en la otra persona, impulsos fuertes y cambiantes, como tomar cartas en el asunto, pero al mismo tiempo querer ponerla firmemente en su lugar (señalar limites).

Referencias bibliograficas

-Arbeitskreis OPD (2023). Operationalisierte Psychodynamische Diagnostik OPD-3. Das Manual für Diagnostik und Therapieplanung. Göttingen: Hogrefe.

-Doering, S. & Hörz, S. (Hrsg.). (2012). Handbuch der Strukturdiagnostik: Konzepte, Instrumente, Praxis. Stuttgart: Schattauer.

-Gumz, A. & Hörz-Sagstetter, S. (2018). Psychodynamische Psychotherapie in der Praxis: Konfliktorientiertes und strukturbezogenes Arbeiten. Video-Playlist. Weinheim: Beltz.

-McWilliams, N. (2011). Psychoanalytic diagnosis: Understanding personality Structure in the clinical process (2nd ed.). New York, London: Guilford.

-Rudolf, G. (2010). Psychodynamische Psychotherapie: Die Arbeit an Konflikt, Struktur und Trauma. Stuttgart: Schattauer.

**


por

Etiquetas: