IV-3-b Trastornos complejos por secuelas traumaticas

Autor: Helga Mattheß • Wolfgang Wöller

Este capítulo está estrechamente relacionado con el capítulo 27, ya que la delimitación de los diagnósticos suele ser difícil y existen muchos solapamientos en el enfoque; y también con el tratamiento básico de los Trastornos postraumáticos (véase el capítulo 46).

30.1 Diferencias y similitudes entre los distintos Trastornos postraumáticos

Terr (1991) propuso una primera tipología de experiencias traumáticas, que sigue siendo relevante en la actualidad, en la que distingue entre el trauma de tipo I, como trauma único y repentino, y el trauma de tipo II, como trauma crónico, acumulativo y múltiple (véase la tabla 30.1). La mayoría de las enfermedades causadas por el trauma de tipo I se describen en el capítulo 27.

El criterio común a ambos diagnósticos es que, en la mayoría de los casos, la enfermedad se basa en un acontecimiento o experiencia que sobrepasa la capacidad psíquica de procesamiento de los afectados y cuyos efectos psíquicos deben tratarse en la terapia.

Las enfermedades psíquicas en el sentido de un trauma de tipo II suelen diagnosticarse como Trastorno Complejo por secuelas traumáticas o Trastorno disociativo. Por ello, en este capítulo se resumen estos dos trastornos, que en los manuales de diagnóstico aparecen por separado. A menudo no es posible distinguir con exactitud entre los diagnósticos, ya que hay muchos puntos en común.

En la CIE-11 (OMS, 2022), en vigor desde el 1 de noviembre de 2022, se distingue entre trastornos asociados a estrés específico (6B4) y Trastornos disociativos (6B6). El 6B4 incluye, entre otros, los Trastornos de adaptación, el Trastorno de duelo prolongado, el TEPT y una nueva categoría de TEPT Complejo. La categoría 6B6 incluye, entre otros, los diagnósticos de Trastorno de despersonalización y desrealización, y el Trastorno de identidad disociativo. Sin embargo, la versión alemana de la CIE-11 aún no es relevante para la atención sanitaria en el momento de la publicación de este libro, por lo que se mencionará la CIE-11, pero no se utilizará como base.

Tabla 30.1 Tipología de los traumas (modificada según Maercker, 2013)

Clasificación ICD.

A diferencia de la ICD-10, la ICD-11 distingue entre un TEPT y un TEPT Complejo (OMS, 2022). Hasta ahora, en caso de síntomas más complejos tras un trauma, se solía destacar un único cuadro clínico, sobre todo la disociación o, por ejemplo, la depresión o el Trastorno de ansiedad, como diagnóstico principal; ahora, además de los criterios del TEPT, se definen criterios adicionales del TEPT Complejo que provocan un estrés considerable en la vida de las personas:

(1) Reviviscencia actual del evento traumático, por ejemplo, en forma de flashbacks, intrusiones o pesadillas, a través de diferentes modalidades sensoriales y con emociones angustiantes.

(2) Evitación de pensamientos y recuerdos del evento estresante o evitación de actividades, personas o situaciones relacionadas que recuerden el evento a la persona afectada.

(3) Percepción subjetiva y persistente de una amenaza elevada.

(4) Dificultades en la regulación afectiva

(5) Problemas de autoestima en el contexto de la experiencia traumática, con sentimientos de vergüenza, culpa o fracaso

(6) Problemas en la configuración de las relaciones (contacto, cercanía-distancia)

La particularidad de los diagnósticos de Trastorno por estrés postraumático (TEPT) y del TEPT Complejo es que la causa de la enfermedad (experiencia traumática) ya está incluida como criterio en el diagnóstico. Durante mucho tiempo, el término «traumatización» estuvo definido de forma muy imprecisa: la CIE-10 menciona como criterio del TEPT, sobre todo, una traumatización de tipo I, descrita como «un acontecimiento estresante o una situación de corta o larga duración, con una amenaza excepcional o de magnitud catastrófica, que provocaría una profunda desesperación en casi cualquier persona» (Dilling y Freyberger, 2012). Este criterio ofrece, en la evaluación clínica, un amplio margen para la interpretación subjetiva.

En la CIE-11 se enumeran explícitamente para el TEPT Complejo los traumas prolongados, interpersonales e infantiles. Las reacciones subjetivas (como la impotencia, la incapacidad o el miedo) a las experiencias traumáticas, ya no se incluyen en los criterios de diagnóstico, ya que, en última instancia, no pueden predecir el inicio de un TEPT. Sin embargo, estas reacciones son de gran importancia para la psicodinámica de la enfermedad.

30.2 Cuadros clínicos, epidemiología y comorbilidad.

Trastorno por Estrés Postraumático Complejo.

Cuadro clínico.

Los criterios diagnósticos para un TEPT «clásico», el cuadro clínico y la psicodinámica se describen en el capítulo 27. Entre los grupos de síntomas que deben estar presentes durante un período prolongado para poder diagnosticar un TEPT se encuentran

(1) revivir la situación traumática (intrusión),

(2) la evitación (de situaciones similares o desencadenantes de recuerdos, «triggers») y el «entumecimiento» (anestesia o adormecimiento emocional), así como

(3) la sobreexcitación (hiperactivación).

A continuación, se analizan los factores adicionales importantes para el Trastorno por estrés postraumático Complejo y los Trastornos disociativos.

Hasta la CIE-11 no existía un concepto uniforme del diagnóstico del TEPT Complejo, propuesto originalmente por Herman (1992). Las causas principales que deben tenerse en cuenta son los acontecimientos que, según la tabla 30.1, se clasifican como experiencias múltiples de violencia personal.

Codificación. A la hora de establecer el diagnóstico, no basta con codificar un TEPT Complejo solo con un F43.1 (Trastorno por estrés postraumático) o un F43.2 (Trastorno de adaptación), según la CIE-10, sino que también deben incluirse todos los cuadros sintomáticos, como los Trastornos disociativos, los trastornos afectivos, etc. En última instancia, los trastornos complejos, derivados del trauma, también pueden aparecer sin los síntomas clásicos del TEPT, por ejemplo, como un Trastorno depresivo predominante, un Trastorno alimentario o un Trastorno somatomorfo.

Tabla 30.2 Criterios del Trastorno por estrés postraumático y del Trastorno por estrés postraumático Complejo, tal y como se proponen para el CIE-11 (modificados según van der Kolk et al., 2005; Cloitre et al., 2012; Maercker, 2013)

Lamentablemente, los trastornos somatomorfos, que según Herman (1992) y otras conceptualizaciones, forman parte de los síntomas centrales de los trastornos complejos por secuelas de traumas, no figuran ni en la CIE-10 ni en la CIE-11.

Epidemiología.

Muchos pacientes con TEPT (Complejo) suelen recibir otros diagnósticos, pero por lo general se presta poca atención a la enfermedad subyacente. Sin embargo, el alcance de los traumas psicológicos en la infancia y la adolescencia, que a menudo subyacen a un Trastorno Complejo por trauma, es relativamente grande: en una muestra representativa alemana, el 12 % de los encuestados afirmó haber sufrido maltrato físico, otro 12,5 % informó de abuso sexual y un 14,9 % de abuso emocional. Se encontraron cifras similares en estudios estadounidenses y otros estudios alemanes (Felitti et al., 1998; Glaesmer et al., 2010; Häuser et al., 2011). Si se tiene en cuenta el porcentaje de todas las personas traumatizadas, una media del 8-15 % de estas personas, desarrolla un Trastorno de estrés postraumático Complejo, independientemente de su cultura y nacionalidad.

Llama la atención que la probabilidad de sufrir un trauma complejo es mucho mayor en casos de violencia personal, como, por ejemplo, tras haber vivido directamente la guerra como civil (50-65 %), tras violaciones y abusos sexuales (50 %) o tras otros delitos violentos (25 %), que en casos de violencia no personal (accidentes de tráfico: 5 %, catástrofes naturales e incendios o como testigos de accidentes o violencia: menos del 5 % en cada caso; Maercker, 2013) .

Psicodinámica. Esto pone de manifiesto la importancia que tienen las relaciones interpersonales fallidas o violentas en el desarrollo de la enfermedad. Además, esta depende también de la edad y de los mecanismos de defensa ya disponibles de las personas afectadas. Así, se puede partir de la base de que las complejas secuelas de la violencia física, sexual y emocional son especialmente determinantes en los primeros años de vida, ya que a esta edad las estructuras internas y los mecanismos de defensa diferenciados aún deben desarrollarse. En este caso, la resiliencia, es decir, la resistencia psíquica, aún está poco desarrollada: cuanto más tienen las personas afectadas la capacidad de percibir las situaciones estresantes como superables por sí mismas y logran mantener una visión general o adoptar diferentes perspectivas e integrar sus experiencias y puntos de vista positivos y negativos en su forma de pensar y actuar, mayor es la probabilidad de integrar experiencias muy estresantes sin sufrir daños o tras una breve convalecencia.

Trastornos disociativos

Reconocimiento de los Trastornos disociativos. Los Trastornos disociativos suelen ser difíciles de reconocer en el trabajo clínico. Se confunden fácilmente con Trastornos bipolares, Trastornos límite de la personalidad y también con enfermedades psicóticas como la esquizofrenia. Los fenómenos disociativos suelen aparecer de forma comórbida en otras enfermedades.

 El cuestionario más adecuado para el cribado es el cuestionario sobre síntomas disociativos FDS (Freyberger et al., 1998). Para un diagnóstico preciso es necesario un cuestionario como el Structured Clinical Interview for DSM-IV Dissociative disorders (SCID-D) (Gast et al., 2001).

Origen en la infancia. Especialmente en la infancia, la capacidad fisiológica de reacción y procesamiento disociativo ante el estrés es mucho más pronunciada que en los adultos. Una buena integración de las experiencias traumáticas aún no es posible, sobre todo debido a la falta de maduración cerebral (por ejemplo, la falta de mielinización del hipocampo o la falta de madurez del córtex prefrontal).

Esto explica la aparición de síntomas disociativos en situaciones de estrés extremo durante esta etapa de la vida y también su persistencia en etapas posteriores. Tal y como se describe en el DSM-5, lo importante aquí es, precisamente, la experiencia subjetiva de los niños. Las situaciones pueden parecerles muy amenazantes, aunque esta percepción no sea objetiva para un observador externo.

Los resultados de la investigación indican que el desarrollo de síntomas disociativos en la adolescencia y la edad adulta también es posible en el caso de un apego desorganizado (véase el capítulo 24), y las experiencias directas de violencia no son una condición necesaria (Lyons-Ruth, 2003; Spiegel et al., 2013). Los niños suelen ser traumatizados por familiares o conocidos cercanos y, por lo general, no pueden escapar de su entorno. Los mecanismos de reacción y procesamiento disociativos, les ayudan a liberarse, al menos en parte, de la amenaza, internamente, simplemente «disociándola» (apartándola). Solo así es posible, por ejemplo, seguir en contacto con una persona que ha ejercido violencia sobre el niño y que ahora le prepara la comida. Si las circunstancias estresantes siguen activas, la disociación se consolida. Las nuevas vivencias y experiencias se asignan de forma asociativa a la red de recuerdos activa correspondiente, y también ahí se codifican. Por lo tanto, las conexiones asociativas con otras experiencias adquiridas en otro estado del yo, son solo débilmente pronunciadas (véase el capítulo 46 para más detalles). Esto lleva, por ejemplo, a que muchas personas traumatizadas tengan dificultades para aprender de las experiencias traumáticas: disocian la experiencia y tienen poco acceso a recuerdos específicos.

Niveles de disociación. En el lenguaje clínico, la disociación se utiliza como lo contrario de la asociación. Según la CIE-10 (Dilling y Freyberger, 2012), «el rasgo general de los trastornos disociativos o de conversión […] consiste en la pérdida parcial o total de la integración normal de la memoria del pasado, de la conciencia de la identidad, de la percepción de las sensaciones inmediatas y del control de los movimientos corporales». Pueden aparecer síntomas en diferentes niveles; los aspectos más importantes se enumeran en el siguiente recuadro.

Redes separadas. Las personas disociativas intentan, en el lenguaje (neurobiológico) de la terapia del trauma, separar los contenidos de una red neuronal que contiene experiencias específicas realizadas en un contexto determinado, de otros contextos. La sintomatología disociativa en los Trastornos traumáticos Complejos puede ser rudimentaria, pero también puede ser muy pronunciada, de modo que los pacientes hablan de haberse dividido en partes de la personalidad. Algunos pacientes pueden percibir conscientemente esta división en diferentes estados del yo. En otros casos, puede ocurrir que los pacientes informen de «lagunas temporales» en la vida cotidiana, que a menudo se producen porque la persona cambia a otro estado del yo, que no está suficientemente asociado con otros estados del yo, y que, por lo tanto, no se recuerda a posteriori.

Disociación y Trastorno por estrés postraumático

En general, la relación exacta entre el TEPT (Complejo) y los Trastornos disociativos aún no parece estar definitivamente aclarada. Algunos autores consideran que la manifestación de fenómenos disociativos en el contexto del TEPT depende de:

– el tipo de traumatización

– la gravedad de la traumatización

– el grado de desarrollo de la persona afectada, en el momento de la traumatización

Hasta ahora se han debatido diferentes posiciones en este debate:

– La disociación es una característica asociada a los Trastornos por estrés postraumático.

– La disociación es una característica central de los Trastornos postraumáticos.

– La disociación solo es una característica central solo en el TEPT Complejo.

– Los Trastornos postraumáticos y la disociación representan diferentes modelos del mismo fenómeno.

– Los Trastornos postraumáticos y la disociación son diferentes, pero a menudo son comórbidos.

En resumen, se puede decir, al menos, que un gran grupo de pacientes con TEPT Complejo también presenta síntomas disociativos graves.

Epidemiología. La prevalencia del TEPT entre los Trastornos disociativos y viceversa no se puede determinar con exactitud, ya que hay una gran variedad de posibles enfermedades comórbidas asociadas, el curso muy variable y hay una amplia gama de síntomas en general y, en particular, en los Trastornos disociativos.  Si se utiliza el FDS como instrumento de cribado para los Trastornos disociativos, entre el 5 y el 15 % de la población general corre el riesgo de padecer este trastorno (Kihlstrom, 2005).

Comorbilidad de los Trastornos disociativos. Además de los Trastornos disociativos y los Trastornos de la personalidad, en particular el Trastorno de personalidad emocionalmente inestable, se debe prestar especial atención a los siguientes trastornos comórbidos con el TEPT (Complejo):

– Trastornos de ansiedad

– Depresión

– Adicción o abuso de medicamentos, alcohol, drogas, Internet o juegos

– Conducta autolesiva y tendencias suicidas

– Trastorno de somatización o enfermedades somatoformes y

  Trastorno disociativo del movimiento

– Enfermedades cardiovasculares

30.3 Modelos de trastornos y psicodinámica

Trastorno en el sistema de apego

Además de los muy diversos factores desencadenantes del estrés como causa, el TEPT Complejo y los Trastornos disociativos también se desarrollan por la influencia de traumas de apego y relacionales. Entre ellos se incluyen la violencia física y emocional, los estilos de crianza parentales desfavorables, cambiantes o impredecibles, que conducen a un apego desorganizado (Lyons-Ruth, 2003; Ogawa et al., 1997) y las experiencias de separación.

En general, la psicopatología parental o las experiencias en el entorno familiar, como las enfermedades psiquiátricas, la muerte de familiares cercanos, abuso de drogas, etc., que provocan un fuerte estrés, favorecen la sintomatología (Felitti et al., 2007). La gravedad, la sintomatología, los conflictos neuróticos, la acentuación de la personalidad y la fragmentación estructural pueden variar mucho de un individuo a otro, por lo que se recomienda elegir el modelo adecuado para la patología en cuestión. El modelo de conflicto seguramente solo se aplicará en una fase posterior del tratamiento, ya que las dificultades estructurales, los problemas de memoria traumática y de apego suelen estar en primer plano. Los modelos que se mencionan a continuación tienen como objetivo principal ofrecer una visión general de la posible profundización de las teorías mencionadas.

Modelos psicodinámicos centrados en la relación de apego

Para tratar la configuración disfuncional de las relaciones, además de los trabajos, que datan de 1933, de Ferenczi (Ferenczi, 2015) sobre la dinámica de la introyección en víctimas de traumas, son relevantes los modelos de la teoría de las relaciones objetales de Kernberg (2010) y Winnicott (2006). Esto permite encontrar modelos explicativos para los problemas en el ámbito interpersonal y la tendencia a comportamientos disfuncionales y (auto) destructivos. Por lo general, los pacientes tienden a mostrar este comportamiento de apego también en el proceso terapéutico, lo que a menudo conduce a complicaciones y a procesos terapéuticos difíciles de transferencia y contratransferencia (Wöller, 2006).

Modelos psicodinámicos centrados en los déficits estructurales y los conflictos En el ámbito de la regulación emocional, los modelos psicológicos del yo, centrados en los déficits estructurales, ayudan a describir el grado de madurez de las funciones psíquicas y a especificar los déficits de funcionamiento del yo (Kohut, 2002; Rudolf, 2013). El modelo de conflicto es adecuado para conceptualizar la grave problemática del superyó de las personas traumatizadas. Las intervenciones que alivian el superyó pueden ser beneficiosas en las primeras fases de la terapia para reducir los sentimientos de culpa que agobian a los pacientes.

Modelos neurobiológicos centrados en la memoria traumática Los modelos neurobiológicos actuales ayudan a desarrollar una comprensión más profunda de los efectos neurotóxicos del estrés prolongado, especialmente en la primera infancia. Entre otras cosas, muestran un aumento de la actividad de la amígdala y una reducción del volumen en el área de la corteza prefrontal y el hipocampo. Esto también permite explicar, por ejemplo, los déficits en la regulación emocional, la sensación recurrente de amenaza y las reacciones implícitas de protección y defensa asociadas a ella, en pacientes con traumas complejos.

Modelos psicodinámicos centrados en los Trastornos de identidad

Los modelos de una estructura del yo fragmentada se desarrollaron muy temprano (Federn, 1958), se diferenciaron aún más en el modelo de los estados del yo (Watkins, 1993) y también se integraron en el marco de las intervenciones hipnoterapéuticas. Como desarrollo posterior, sobre la base de las teorías de Pierre Janet (Putnam, 1989), se encuentra el modelo de la disociación estructural de la personalidad, bien fundamentado desde el punto de vista de la neurobiología evolutiva (van der Hart et al., 2008).

Caso práctico

A la primera cita acude una joven estudiante vestida acorde con su edad (24 años) que, al principio, solo puede contar poco y de forma bastante trivial, a pesar de que por teléfono había pedido una cita con bastante insistencia y aparentemente en una situación de necesidad.

Relata que padece trastornos de concentración y del sueño con pesadillas, describe una falta de motivación y un aislamiento social actual. Sin embargo, al mismo tiempo deja claro que, en realidad, todo no es tan grave, porque en sus estudios ha tenido muchos éxitos. Además, acude regularmente a su trabajo temporal, trabaja habitualmente por las noches en una sala de juegos. Al preguntarle por su infancia, relata que su padre era alcohólico y que, cuando estaba ebrio, era muy cariñoso, pero que, cuando no tenía alcohol a su disposición, solía ser irascible y violento. Entonces, la paciente protegía a sus hermanos menores (un hermano dos años menor y una hermana cinco años menor) de sus agresiones físicas.

La atractiva paciente continúa contando que hasta ahora no ha tenido ningún novio fijo, pero que desde muy temprana edad ha tenido regularmente aventuras de una noche después de ir a discotecas o bares, aunque en realidad apenas recuerda cómo se produjeron esos encuentros. Por la mañana, solía abandonar a escondidas a los hombres, a menudo mayores que ella, y nunca quería desayunar con ellos porque, a posteriori, a menudo sentía repugnancia por estos conocidos. Nunca le había contado a nadie estas relaciones sexuales, en realidad siempre se había sentido culpable por no poder controlarse. Sin embargo, en lo que respecta a la comida, siempre había tenido el control (IMC en el límite inferior de la norma).

Más bien avergonzada y acusándose a sí misma, describe en una frase incidental, dos violaciones a los 14 y 21 años. En la contratransferencia, el estado de ánimo cambia constantemente durante la sesión, a veces la paciente parece muy cercana, casi como una niña que quiere que la cuiden maternalmente, para luego decir algo perturbador o rechazante. Se requiere mucha atención para percibir las diferentes cualidades emocionales simultáneamente.

30.4 Recomendaciones para la práctica

Los enfoques terapéuticos se presentan de forma diferenciada en el capítulo 46. Como se desprende claramente del caso anterior, los pacientes con Traumas Complejos y Disociativos suelen presentar muchos problemas y síntomas que en realidad requieren un tratamiento más directo. Otra dificultad radica en que los temas y problemas en la evaluación del paciente pueden cambiar drásticamente de una sesión a otra. El trabajo terapéutico se centra principalmente en la ampliación de competencias, la tolerancia afectiva y la mejora de la capacidad de vinculación / apego. Como regla básica, se recomienda fomentar primero las habilidades del paciente para velar por su propia seguridad, reducir el comportamiento autodestructivo y encontrar apoyo y respaldo. Los pacientes deben aprender lo antes posible y a través de pequeños logros propios, a confiar en su eficacia. Desde las primeras sesiones, para ampliar las habilidades integradoras y diferenciar las experiencias biográficas del paciente, se debe trabajar en que las posibilidades, las habilidades y apoyos actuales, son diferentes hoy en día de lo que eran antes, en la época de la traumatización.

El requisito más importante para el éxito de la terapia es un diagnóstico correcto. Esto no siempre es fácil en el caso de los trastornos complejos derivados del trauma y las enfermedades disociativas. Los pacientes a menudo no consideran sus propios síntomas como patológicos, ya que suelen existir desde la primera infancia y, por lo tanto, se experimentan como sintónicos con el yo. Por lo tanto, los pacientes suelen nombrar los síntomas secundarios (como Trastornos alimentarios, problemas de pareja, Trastornos del control de los impulsos, síntomas de ansiedad o depresión) como el motivo para una psicoterapia.

-Los terapeutas suelen sentirse confundidos por los frecuentes cambios en los sentimientos de contratransferencia que se producen durante una sesión de psicoterapia, no comprenden la verdadera angustia del paciente o comienzan a trivializarla, al igual que el paciente. En algunos casos, esto también conduce al rechazo, ya que también resulta difícil para el terapeuta, la propia contención de los complejos sentimientos de contratransferencia.

-Las constelaciones de transferencia-contratransferencia se orientan generalmente hacia una constelación de víctima, salvador y agresor, en la que cada posición puede ser ocupada alternativamente por el terapeuta, el paciente u otras personas significativas (pe. del equipo terapéutico).

– Para no sobrecargar el proceso terapéutico con las experiencias relacionales disfuncionales del paciente, es aconsejable resolver los procesos de transferencia lo antes posible y centrarse en la distinción «Así era entonces, hoy es diferente».

– Es útil para el terapeuta adoptar una actitud de abstinencia parcial, reconociendo la necesidad y el sufrimiento del paciente, pero al mismo tiempo confiando en la fuerza y capacidad de afrontamiento del paciente. En este sentido, es fundamental no asumir tareas

que el paciente pueda realizar con esfuerzo, pero por sí solo.

– Una identificación excesiva con el sufrimiento de los pacientes lleva a algunos terapeutas a perder la distancia necesaria en el proceso terapéutico (por ejemplo, adicionales contactos telefónicos o por correo electrónico, ofrecer sesiones sin autorización terapéutica (en las que no está claro si estas sesiones se pagarán alguna vez), tolerancia acrítica de situaciones o comportamientos que no se tolerarían en otros pacientes, etc.

— A menudo ayuda prestar atención a las propias reacciones corporales para poder percibir los cambios incipientes en los estados del yo. Así, por ejemplo, muchos terapeutas se cansan en la contratransferencia cuando los pacientes comienzan a despersonalizarse o a desrealizarse. En este caso, se recomienda poner a disposición la (esta) propia percepción, para que el paciente pueda ver reflejado su propio comportamiento implícito.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los criterios diagnósticos principales del TEPT Complejo?

Además de un evento traumático, los síntomas de un TEPT clásico se manifiestan en forma de intrusiones (revivir la situación traumática), evitación de situaciones similares o desencadenantes, entumecimiento emocional y estados de sobreexcitación. Además, se enumeran Trastornos de la regulación afectiva, problemas de autoestima y dificultades en las relaciones.

¿Cuáles son los criterios diagnósticos principales de un Trastorno disociativo?

La característica principal de un Trastorno disociativo es la falta de capacidad de integración, que puede referirse a experiencias parciales, sentimientos, sensaciones corporales, movimientos corporales, recuerdos, acciones, actitudes, percepciones de si mismo, etc. Esto conduce, entre otras cosas, a que los pacientes no sean capaces de ubicar biográficamente las experiencias, tanto pasadas como presentes, ni asociar y modular de forma significativa diferentes estados del yo.

¿Qué dinámicas típicas de transferencia y contratransferencia se desarrollan frecuentemente en el tratamiento psicoterapéutico de pacientes con TEPT Complejo?

Muy a menudo se producen constelaciones de transferencia y contratransferencia según el esquema víctima-salvador o víctima-agresor. Debido a la frecuente recreación de dinámicas relacionales muy existenciales, los terapeutas pueden, por ejemplo, sufrir un «estrés empático» que les lleva a no querer seguir tratando a los pacientes porque les resultan demasiado agotadores. También puede ocurrir, por ejemplo, que los pacientes indefensos se vuelvan aún más indefensos, debido a los impulsos de rescate; o que se inicien tratamientos sin esperanza porque uno se siente culpable en la contratransferencia concordante .

Referencias bibliográficas

-Maercker, A. & Eberle, D.J. (2022). Was bringt die ICD-11 im Bereich der trauma- und belastungsbezogenen Diagnosen? Verhaltenstherapie, 32, 62–71.

-Reddemann, L. & Wöller, W. (2017). Komplexe Posttraumatische Belastungsstörung. Göttingen: Hogrefe.

-Schäfer, I., Gast, U., A., Knaevelsrud, C., Lampe, A., Liebermann, P., Lotzin, A., Maerker, A., -Rosner, R. & Wöller, W. (2019). S3-Leitlinie Posttraumatische Belastungsstörung. Berlin: Springer

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