Autor: Kai Rugenstein
14.1 Antecedentes
A todos los pacientes que comenzaban un análisis con él, Sigmund Freud les comunicaba primero sus reglas: «Su relato debe diferir en un punto de una conversación habitual. Mientras que normalmente intentan, con razón, mantener el hilo conductor de su relato y rechazar todas las ideas perturbadoras y pensamientos secundarios […], aquí debe proceder de otra manera: observará que durante su relato le vienen a la mente diferentes pensamientos que le gustaría rechazar con ciertas objeciones críticas. Se sentirá tentado de decirse: esto o aquello no pertenece aquí, o es completamente irrelevante, o no tiene sentido, por lo que no es necesario decirlo. Nunca ceda a esta crítica y dígalo de todos modos, precisamente porque siente aversión hacia ello».
(Freud, 1913, p. 194 y ss.)
Lo que queda excluido de la conversación cotidiana debido a las convenciones sociales pasa a ser el centro del interés común de pacientes y terapeutas, gracias al método psicoanalítico. Así como se anima a los pacientes a seguir libremente sus ideas y a expresarlas incluso cuando les parezcan indecorosas, incoherentes o insignificantes, los terapeutas también pueden escuchar lo inapropiado, lo inadecuado y lo absurdo sin tener que examinarlo o comprenderlo críticamente de inmediato. Estas actitudes complementarias establecen una forma de comunicación terapéutica característica del enfoque psicodinámico, cuyo objetivo es la aceptación mutua de lo inconsciente.
La liberación de lo excluido, rechazado y reprimido que acompaña a este programa terapéutico se produce, por parte del paciente, a través de la liberación del hablar y, por parte del terapeuta, a través de la liberación del escuchar. En la terminología técnica del psicoanálisis, esto se formula de tal manera que se anima a los pacientes a hablar en «libre asociación» y se sugiere a los terapeutas que escuchen sin juzgar o comprender inmediatamente lo que escuchan: «atención flotante». La libre asociación y la atención flotante son constitutivas del método psicoanalítico específico que Freud desarrolló en la década de 1890, tanto en su trabajo clínico con pacientes como en el autoanálisis de sus propios sueños (Rugenstein, 2019).
Importante:
Como componentes del entorno psicoanalítico, la asociación libre y la atención flotante constituyen el marco y las condiciones que permiten el libre intercambio de fantasías entre sí y sobre sí mismos.
Freud elevó la asociación libre a «regla fundamental de la técnica psicoanalítica» (Freud, 1913, p. 194). La contrapartida especular de este mandato dirigido a los pacientes es la obligación de los terapeutas de mantener una atención flotante sobre sí mismos, por lo que también se puede hablar de «regla básica para el psicoanalista» (Argelander, 1985).
La regla básica tiene, por tanto, una doble forma y encierra en ambos sentidos el principio psicoanalítico de la abstinencia (véase el cap. 9): al asociar libremente, los pacientes se abstienen de autocensurarse y de seleccionar lo que dicen en función de normas lógicas, estéticas y morales. Con una atención flotante, los terapeutas se abstienen de examinar hipótesis basadas en teorías, de querer ayudar y de tener que comprender.
Con esta definición de tareas, la regla básica establece la forma típica de colaboración terapéutica para la «pareja freudiana» (Bollas, 2002), formada por un analizado que asocia libremente y un analista que mantiene una atención equilibrada.
Con la regla básica, Freud situó un elemento tan subversivo como utópico en el centro del método psicoanalítico. La libre asociación y la atención flotante son subversivas porque socavan el orden de lo que «pertenece aquí», de lo que se puede decir y oír, y de lo que es mejor no decir y no oír, ya que desatan la lengua para lo indecible y abren el oído a lo inaudito. Son utópicas porque sustituyen las exigencias de las normas sociales habituales, cuya finalidad emancipadora consiste precisamente en que son incumplibles / inalcanzables (Rugenstein, 2021).
Al formular claramente la regla básica, no como un permiso liberador, sino como una «norma» que debe cumplirse (Freud, 1913, p. 194), Freud le dio un giro peculiar. Una norma apela a esa instancia examinadora y controladora que Freud denominó superyó: si se quiere «hacerlo bien» en la terapia, es decir, ser un «buen paciente» o un «buen terapeuta», ¿no habría que supervisarse continuamente, de forma crítica, el cumplimiento de la regla básica correspondiente? -Una regla que, sin embargo, exige precisamente excluir todo examen crítico, acaba volviéndose en última instancia contra sí misma.
Si la libre asociación y la atención flotante se plasman o enmarcan en la forma paradójica de una regla que socava su propia autoridad, se está dando por sentada la indisponibilidad real de los ideales exigidos: en última instancia, es tan imposible asociar sin ningún tipo de censura autorrestrictiva / autoimpuesta como percibir todo de forma igualmente abierta y sin selección en una receptividad pasiva total. Las asociaciones libres se verán envueltas una y otra vez en formaciones de resistencia, y la atención flotante se asentará una y otra vez y el pensamiento sintético o hipotético. El principio de abstinencia inscrito en la regla básica despliega aquí su efecto metodológico, a diferencia de lo que podría, parecer a primera vista, no como un principio de coacción y restricción, sino como un principio de libertad:
Importante
Las reglas de la libre asociación y la atención flotante no quieren (ni pueden) ser cumplidas de forma servil, sino que quieren despertar la curiosidad por aquello que las contraviene (infringe).
14.2 Recomendaciones para la práctica
La regla básica es útil porque constituye el trasfondo ante el cual pueden hacerse visibles los objetos del trabajo terapéutico conjunto (Körner y Rosin, 1985). Contiene un notable artificio (truco) metodológico: obligamos a nuestros pacientes a expresar todos los pensamientos, sentimientos, fantasías, sensaciones corporales e impulsos de acción que les pasan por la cabeza y el corazón, para que, lo que no dicen pueda sobresalir con mayor claridad. Nos comprometemos a no perseguir intenciones ni objetivos con respecto a nuestros pacientes, para poder comenzar a interesarnos, precisamente, en esos enredos en los que nosotros mismos nos enredamos una y otra vez.
Interpretar un mensaje con atención flotante como una asociación libre, significa entenderlo no solo en el sentido de las intenciones conscientes del comunicador, sino también en lo que respecta a sus intenciones (efectos) inconscientes. Además de una «disposición flotante para asumir roles» (Sandler, 1976), es decir, la capacidad de aceptar temporalmente en nuestro interior, la oferta de roles, sin examinarla críticamente, en relación con la supuesta realidad de nuestra propia persona, esto requiere una percepción sensorial fina, un sentido de la ironía, un sentido de las posibilidades y una apertura lúdica ante una realidad psíquica ambigua.
No es casualidad que estas actitudes perceptivas también sean conocidas en la interpretación del arte o la literatura: la atención flotante es «una actitud comparable a la experiencia estética […]» (Gamm, 1996, p. 105). Así como, en principio, es posible leer cualquier texto como una construcción literaria, la actitud de atención flotante permite entender todas las comunicaciones de un paciente —y esto no solo se refiere a las expresiones verbales, sino también a las para y no verbales— en el sentido de «asociaciones libres» (Raguse, 1992).
Ejemplo de caso
El Sr. O. llega seis minutos tarde y algo sudoroso a la sesión de análisis. Cuando se acuesta en el diván, a su terapeuta se le ocurre la siguiente idea: «Hoy…. Se hunde literalmente en los cojines». Entonces, el señor O. comienza: «Todavía estoy un poco sin aliento… Es que acabamos de tener un gran problema con nuestra señora de la limpieza. Ha hecho una mancha estúpida en nuestra gran manta de cachemira… Era un regalo de boda de mis padres… Me gusta mucho… Aunque ya la hemos tenido que remendar varias veces… pero es tan suave… me recuerda tiempos pasados y así… un poco como su sofá… ahora mismo estoy trabajando muy duro… en la empresa… me sumerjo en el trabajo… pero no consigo nada… se siente como un enorme cañón por el que tengo que pasar… se me acaba de ocurrir una idea: y al final espero encontrar un tesoro… o espero pasar a la historia o algo así… como los héroes de las películas de Karl May… que antes veía a veces con mi padre en el cine… solo nosotros dos…».
Desde el punto de vista de un sentido convencional coherente, el texto que pronuncia el señor O. es, en un primer momento, incomprensible. Sin embargo, o precisamente por eso, es eficaz: ¿En qué puntos se siente usted confundido? ¿Dónde «corrige» usted—de forma automática o tras un examen crítico— los aparentes «errores», o «aclara» las supuestas «ambigüedades»? ¿Dónde se autocensura? ¿Dónde recurre a la teoría psicodinámica en busca de ayuda? ¿Y en qué se supone que le puede ayudar? ¿Qué piensa, siente y fantasea cuando se permite estar atento, asociando libremente?
El ejemplo ilustra cómo lo inconsciente se comunica de manera peculiar, especialmente en la lógica de la sucesión de asociaciones. La secuencia, que a primera vista parece inconexa, compuesta por elementos superficiales, cotidianos y aparentemente irrelevantes («demasiado tarde / seis después / sudor» — «estrés / mancha» — «limpiar» / hacer limpio» – «boda / regalo / padres» – «gustar / remendar» – «blando / antes / sofá» – «duro / empresa» – «hundirse / no lograr» – «idea / barranco» – «anales / tesoro» – «Winnetou / Shatterhand» – «héroes / padre / nosotros dos») parece tener una preocupación latente que el señor O. aún no puede expresar con palabras, en la que se cruzan varias líneas de intereses, deseos y miedos inconscientes.
Para el entorno psicoanalítico clásico, la libre asociación es de fundamental importancia, mientras que en la aplicación de la psicología profunda del psicoanálisis desempeña un papel menos destacado como método. Wöller y Kruse (2018, p. 68) recomiendan, para los tratamientos basados en la psicología profunda, aplicar una forma modificada de la regla básica y comunicarla:
Ejemplo:
Terapeuta: «Intente expresar todo lo que le pase por la cabeza. No se preocupe por si es importante o no, si pertenece aquí o no. Luego, organizaremos juntos estas ideas, seleccionaremos lo que sea importante para el problema que hemos acordado entre nosotros y lo trabajaremos».
La atención flotante ocupa un lugar central como actitud, postura y enfoque de trabajo de los terapeutas — a pesar de la exigencia de centrarse en el contenido (véase el cap. 18) — que contrasta con una de las reglas básicas del procedimiento psicodinámico.
Freud aconseja a los terapeutas psicodinámicos que procedan «sin intención» (Freud, 1912, p. 174), que se abandonen a su propia actividad mental inconsciente, que eviten, en la medida de lo posible, la reflexión y la formación de expectativas conscientes, y que no fijen nada de lo oído en la memoria (Freud, 1923, p. 215). Llama la atención que se trata de una serie de consejos negativos, que dicen a los terapeutas lo que no deben hacer.
Bion (1970) denomina a esta capacidad de mantener una atención flotante, «capacidad negativa». Para los terapeutas, esto implica un enfoque de «menos es más», un «reclinarse» y una «lógica del dejar hacer» (Rugenstein, 2015), es decir, un movimiento contrario a la lógica generalizada de hacer e «intervenir» en la terapia.
La lógica del dejar hacer libera al terapeuta, por ejemplo, de su propio marco conceptual de referencia de la metapsicología y la teoría clínica, o de la obligación que sienten de tener que mantener la conversación de alguna manera. Al mismo tiempo, la lógica del dejar hacer permite al terapeuta permitir que el inconsciente del paciente influya en su propio inconsciente. La lógica del dejar ir se caracteriza por una actitud de ensueño relajado (reverie) y una disposición a la sorpresa consciente (véase la fig. 14.1). Bion (1970, p. 129) encontró para ello la siguiente fórmula:
Importante
«Sin memoria, sin deseo, sin comprensión».

(a) La «lógica de hacer» protege contra lo desconocido.
Figura 14.1 Efecto de la regla básica sobre la actitud del paciente y del terapeuta.

b) La «lógica del dejar hacer» abre espacio para lo sorprendente.
Figura 14.1 (continuación)
Es una cuestión digna de reflexión cómo, en un sistema educativo aparentemente orientado a la transmisión de un mayor conocimiento conceptual y de contenido, se puede enseñar y aprender una capacidad negativa como la atención flotante. Las estrategias concretas para el entrenamiento sistemático de la capacidad de percibir de manera pura y de captar la realidad presente sin escoger, se están incorporando cada vez más a la formación psicodinámica, bajo el título de «atención plena» (mindfulness) (Muran et al., 2010; Rugenstein y Gumz, 2017). El concepto de atención flotante constituye aquí un punto de partida fructífero para nuevos descubrimientos.
Preguntas frecuentes
¿Qué hay que dejar ir, de forma disciplinada, en la actitud de atención flotante?
La memoria, los deseos y el querer comprender.
¿Qué le viene a la mente en este momento?
Referencias bibliograficas
–Kris, A. O. (1996). Free Association. Method and Process. Hillsdale, NJ: Analytic Press.
–Rugenstein, K. (2019). Freie Assoziation und gleichschwebende Aufmerksamkeit. Arbeiten mit der psychoanalytischen Methode. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht
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