Autor: Johannes C. Ehrenthal • Susanne Hörz-Sagstetter
Las relaciones desempeñan un papel fundamental en la psicoterapia psicodinámica: una y otra vez, se trata de comprender las experiencias relacionales de los pacientes, identificar patrones relacionales repetitivos y convertir la propia relación terapéutica en el vehículo del proceso terapéutico (Blagys y Hilsenroth, 2000b). Por lo tanto, los psicoterapeutas psicodinámicos están acostumbrados a reflexionar tanto sobre las relaciones de sus pacientes como sobre su relación con los pacientes. Sus reflexiones al respecto (en su caso, en intercambio con colegas o en la supervisión) constituyen una base importante para la actuación terapéutica.
Definición
Entendemos el Diagnóstico Relacional como la recopilación y el procesamiento sistemáticos de información sobre la “estructura” relacional del paciente, con el objetivo de fundamentar y mejorar la propia actuación terapéutica. Como complemento a esta definición general, consideramos que la particularidad del diagnóstico “psicodinámico” de la relación, radica en que este tiene en cuenta, de forma específica, la experiencia de la contratransferencia (cap. 2) de la persona que realiza el diagnóstico, como fuente de información, y procesa la información recopilada en el sentido de una Formulación Dinámica de la Relación.
El diagnóstico de las relaciones puede ser útil por varias razones:
— Ofrece puntos de referencia formales y de contenido para reflexionar sobre las relaciones.
De este modo, los terapeutas pueden ordenar y afinar su habitual reflexión intelectual sobre las relaciones.
— Permite vincular el análisis teórico de los conceptos psicodinámicos (por ejemplo, la contratransferencia, cap. 2) con la experiencia y la acción prácticas.
— Contribuye a una comprensión más elaborada del caso. Sobre esta base, se pueden formular hipótesis más avanzadas sobre los conflictos inconscientes y las vulnerabilidades estructurales (Grande, 2007). Es un componente importante de una solicitud de atención fundamentada (Stasch et al., 2016).
— Facilita a los terapeutas liberarse de la atracción interactiva que implica configurar su relación con el paciente, y encontrar un punto de vista excéntrico, más allá de la transferencia y la contratransferencia (Körner, 1990).
— Puede mejorar la precisión de las intervenciones terapéuticas y, por lo tanto, también las posibilidades de éxito de la terapia (Crits-Christoph et al., 2010).
21.1 Posibilidades de sistematización
El término «relación» no se refiere a un ámbito uniforme y claramente delimitado, sino a un proceso complejo y dinámico que puede diferenciarse en función de diversos aspectos formales y de contenido. El reto del Diagnóstico Relacional consiste en realizar declaraciones fiables, válidas y útiles sobre cómo se manifiesta este complejo proceso en un paciente concreto, en interacción con un terapeuta concreto.
A continuación, presentamos primero un caso práctico (Zimmermann et al., 2013). A partir del caso práctico se explica en qué aspectos formales se pueden diferenciar las declaraciones sobre el proceso relacional en un paciente. Después se presenta, el modelo circular del diagnóstico psicodinámico operacionalizado (OPD-3; grupo de trabajo OPD, 2023), un ejemplo de sistema para la diferenciación del contenido de tales declaraciones.
Caso práctico
La estudiante de 26 años, la Sra. F., relata en la primera consulta, que actualmente se siente tan limitada por el cansancio y el agotamiento que ya no puede llevar a cabo sus tareas cotidianas de forma autónoma. Ya había experimentado una fase similar de estado depresivo hace varios años, tras la muerte de su hermano menor, que padecía una grave enfermedad. En aquel momento se culpó a sí misma de forma extrema y se sintió culpable porque «deseaba» que su hermano muriera, para que el sufrimiento de «todos nosotros terminara por fin». Sin embargo, no continuó con la terapia que había comenzado porque la terapeuta no la entendía realmente.
La Sra. F. cuenta que siempre se había sentido «una marginada» y que durante años había sido «la víctima número uno del acoso escolar». Los demás decían que era «rarita» y «extraña». Un compañero de clase también la golpeó, pero ella se defendió. A raíz de ello, los profesores la acusaron y le pusieron malas notas, por lo que cambió de colegio. A partir de entonces, reaccionaba de forma agresiva ante las hostilidades y la dejaban en paz. Siempre había levantado un muro a su alrededor y no podía dejar que la gente se le acercara. Por un lado, no se atrevía a establecer contacto porque pensaba que no era bienvenida. Por otro lado, había tenido miedo toda su vida de perder a su hermano; no quería pasar por lo mismo con otras personas. Antes de que la abandonaran de nuevo, prefería no involucrarse con nadie.
Hasta ahora no había tenido ninguna relación amorosa. Hubo hombres que le habían interesado, pero cuando estos «querían ir más rápido» que ella, los «ahuyentaba». Tenía un «pánico terrible» a que alguien se le acercara de verdad, «a que me conociera tan bien que pudiera ver hasta lo más profundo de mi alma». No importaba si se trataba de una amistad o de una relación. Entonces les decía «¡Aléjate de mí!» y se comportaba de forma agresiva y desdeñosa». Tiene una única amiga, pero solo porque esta se ha esforzado «increíblemente» por ella. La paciente está convencida de que otras personas tienen problemas con ella porque tiene un gran conocimiento general y una buena memoria; esto ya molestaba a sus compañeros de clase y más tarde también a los hombres. Desde hace cinco años no ha vuelto a intentar conocer a nadie.
El terapeuta percibe a la paciente como enfadada y reprochadora con sus parejas. Ella recita su historia sin parar, y apenas deja al terapeuta, una oportunidad de decir nada y evita el contacto visual. El terapeuta siente que la paciente no conecta realmente con él y que apenas le presta atención. Recuerda haber percibido a la paciente como agresiva durante la cita telefónica: se había quejado de que su consulta estaba muy lejos de su domicilio y que, por lo tanto, tenía que asumir unos gastos de desplazamiento elevados. Durante la conversación, el terapeuta siente en su interior sentimientos de desesperanza y tensión, asociando esta última con una sensación latente de amenaza. Por un lado, se compadece de la dolorosa historia de la paciente y siente el impulso de consolarla o cuidarla; por otro lado, teme no poder establecer un buen contacto con ella y convertirse él mismo en el blanco de sus críticas. Se sorprende a sí mismo pensando, con alivio, que tal vez ni siquiera se inicie la terapia.
Aspectos de la forma
En la información diagnóstica sobre la relación, que se incluye en el caso práctico, se pueden diferenciar al menos cuatro aspectos:
— ¿El comportamiento de quién? Las declaraciones sobre lo que ocurre en la relación se pueden diferenciar en función de la persona implicada: ¿se trata del comportamiento de la paciente o de sus diversos interlocutores (por ejemplo, sus compañeras de clase, sus profesoras, los hombres interesados en ella y su terapeuta / su antigua terapeuta)? Para tener en cuenta la interdependencia (dependencia reciproca) del comportamiento en las díadas, el diagnóstico de la relación debe incluir declaraciones sobre el comportamiento de ambas personas implicadas (el Si mismo vs. el Otro).
— ¿La perspectiva de quién? Las declaraciones sobre lo que ocurre en la relación se pueden diferenciar en función la perspectiva desde la que se observa el comportamiento de la persona implicada: ¿se trata de cómo, la paciente, se percibe a sí misma y a los Otros, o se trata de cómo ella afecta a los demás y qué provoca en ellos? Para poder tener en cuenta posibles discrepancias entre la autoevaluación y la evaluación externa, para hipótesis más amplias, el Diagnóstico Relacional debe combinar declaraciones de ambas perspectivas. Así, en este caso, hemos visto que la paciente no se sentía comprendida por su terapeuta anterior. Para hacerse una idea de las dificultades de esa terapia anterior, sería revelador escuchar también la opinión de la terapeuta; pero, por otro lado, sería interesante saber cómo se sintió la paciente en la primera entrevista descrita, en el contacto con el entrevistador actual, quien, entre otras cosas, percibió que estaba tensa y desconectada.
— ¿Qué tipo de comportamiento? Las declaraciones sobre lo que ocurre en la relación pueden diferenciarse en función del tipo de comportamiento que se observe: ¿se trata de comportamientos observables en la interacción o de impulsos internos, sentimientos o deseos? Una fuente de información importante para el diagnóstico psicodinámico de la relación es, por ejemplo, la experiencia de la contratransferencia del terapeuta, que consiste principalmente en fantasías e impulsos de acción, que no necesariamente se hacen visible en la interacción. En el caso práctico también nos enteramos de que la paciente se ha sentido acosada por los hombres en numerosas ocasiones (experiencia interna) y que, para protegerse, los ha «ahuyentado» (comportamiento visible).
— ¿Qué relación, en qué ámbitos de la vida? Las declaraciones sobre lo que ocurre en la relación pueden diferenciarse en cuanto a su grado de especificidad: ¿se trata de un patrón generalizado que se repite en todas las relaciones y ámbitos de la vida, o de comportamientos que solo se dan en constelaciones relacionales muy concretas (por ejemplo, en las relaciones amorosas, en la relación con uno de los padres durante la primera infancia, en la relación terapéutica)? En la paciente se observa un patrón generalizado de decepción y retraimiento en las relaciones (por ejemplo, en el contacto con los hombres y con su antigua terapeuta), aunque la relación con su única amiga parece ser una excepción. En este sentido, sería interesante saber más sobre esta relación específica.
Aspectos del contenido
La descripción y la comunicación del comportamiento relacional pueden mejorarse si se toma como referencia un modelo teórico o empírico sobre la estructura del comportamiento relacional. Algunos ejemplos de ello son la diferenciación entre el comportamiento de apego ansioso y evasivo, basada en la Teoría del apego; o el modelo circular basado en la Teoría interpersonal con las dimensiones de Dominancia (vs. a Sumisión) y Afecto (vs. a Hostilidad) (Thomas y Strauß, 2008).
Una ampliación clínicamente útil de este modelo circular la ofrece el eje III- Relaciones, del OPD (Arbeitskreis OPD, 2023; Grande et al., 2005; Zimmermann, 2011). Este proporciona un vocabulario de 32 comportamientos («ítems») que están relacionados entre sí de forma sistemática y abarcan todo el espectro de comportamientos relacionales (mal-adaptativos). La base teórica para la construcción de los ítems fue el Análisis Estructural del Comportamiento Social (SASB), en el que el comportamiento interactivo se clasifica según las dimensiones «Focos», «Afiliación» e «Interdependencia / control» (Benjamin et al., 2006; Tress, 2002). Los ítems del OPD representan combinaciones específicas de estas tres dimensiones y pueden representarse en un modelo circular doble (véase Anexo 21.A y Anexo 21.B: “Sistema de clasificación para comportamientos relacionales disfuncionales según el eje II Relación del OPD (del grupo de trabajo OPD, 2023”).
–El Foco (focalización- centrado en..) define si un comportamiento está dirigido activamente hacia el interlocutor, o si expresa en una forma reactiva el propio comportamiento /estado de ánimo. Este punto de vista se refleja en el modelo OPD mediante la distinción entre el círculo superior (Fig. 21.A) (activo), y el inferior (Fig. 21.B) (reactivo).
–El eje de Afiliación define si un comportamiento es más bien hostil y distante, o afectuoso y cercano. En el modelo OPD, esta dimensión se representa en los ejes horizontales que van del polo izquierdo (hostil) al derecho (afín).
El eje de Interdependencia (Control) define si una interacción es más bien autónoma o enredada. En el modelo OPD, se representa mediante los ejes verticales que diferencian entre comportamiento autónomo y control en el polo superior, y entre autonomía y adaptación en el polo inferior.
Los dos círculos están enmarcados por octógonos, cuyos lados se denominan, en la tradición SASB, octantes o clústeres (Benjamin et al., 2006). Como se puede ver en los anexos (Figuras 21.A y 21.B), a cada octante del modelo OPD se le asignan dos ítems. Los ítems se caracterizan por la misma proporción de mezcla de afiliación e interdependencia y, por lo tanto, ocupan una posición idéntica en el círculo. Sin embargo, cada uno de ellos expresa diferentes temas relacionales (por ejemplo, el ítem 7 el tema «cuidar» y el ítem 8 el tema «contacto»).
El carácter disfuncional de los comportamientos se expresa en algunos ítems a través de la calidad (por ejemplo, el ítem 14 «Amenazar, atacar, dañar»), y en otros a través de la cantidad o intensidad (por ejemplo, el ítem 7 «Cuidar o Preocuparse en exceso»). La diferencia decisiva respecto al modelo SASB radica en que todos los ítems del OPD presentan una «orientación básica patológica».
De este modo, se tiene en cuenta el enfoque clínico del Diagnóstico Relacional del OPD, aunque desde la (tercera) versión del eje II- Relaciones, del OPD-3, también se incluyen ítems para calificar si los comportamientos relacionales son acentuados y discretos (grupo de trabajo OPD, 2023). A continuación, ilustraremos cómo se pueden describir las relaciones de la paciente utilizando este vocabulario de Diagnóstico Relacional.
21.2 Accesos e instrumentos diagnósticos
| Importante • Fuentes de información Las fuentes de información más importantes para el Diagnóstico Relacional en el marco de la psicoterapia psicodinámica son: las descripciones de las relaciones que realiza el paciente, la manera en que el paciente establece la relación en el contacto conversacional directo, y la experiencia de contratransferencia del terapeuta. |
A continuación, ofrecemos indicaciones sobre estrategias de evaluación típicas que pueden ayudar a precisar y asegurar las declaraciones del Diagnóstico Relacional.
Exploración de episodios relacionales
Los episodios relacionales pueden explorarse solicitándole al paciente, por parte de la persona que realiza el diagnóstico, que ilustre su comportamiento relacional en relaciones interpersonales significativas, con ejemplos lo más concretos posible.
| Ejemplo: — «Todavía no consigo imaginarme cómo es su relación con su novia, ¿quizás podría contarme alguna experiencia que haya vivido con ella?» — «Me ha dicho que tiende a evitar el contacto con otras personas porque se siente incómodo rápidamente. ¿Podría decirme qué es lo que teme o espera en esos momentos?» — «¿Cómo cree que se sentía… en ese momento?» — «¿Puede decirme, entonces, qué hicieron usted y …» |
Comprensión escénica y análisis de la contratransferencia.
La reflexión sobre la propia experiencia (entrevista) complementa la exploración de episodios relacionales y los redondea hasta convertirlos en un diagnóstico psicodinámico. Para ello, la terapeuta puede recurrir al modo de comprensión escénica (véanse los capítulos 3 y 17) y al análisis sistemático de sus reacciones de contratransferencia (véase el cap. 2).
Uso de pruebas psicológicas
Las estrategias mencionadas hasta ahora pueden enriquecerse o sistematizarse mediante la aplicación de pruebas (escalas) psicológicos. Estos procedimientos permiten un acceso cuantificable sobre ciertos aspectos de las relaciones y, por lo tanto, hacen que la expresión de una paciente sea comparable con la de un grupo de referencia. En la tabla 21.1 del Anexo 21.C, se recoge una selección de instrumentos empíricamente probados que capturan diferentes facetas de la dinámica relacional, desde diferentes perspectivas y con diferentes grados de resolución (detalles).
Cada una de estas pruebas aborda solo un aspecto concreto de la relación. Por ejemplo, con el Inventario de Problemas Interpersonales (IIP) se puede determinar qué comportamientos propios, el paciente encuentra generalmente difíciles en su relación con los demás. Así, se tiene en cuenta lo siguiente: (1) el comportamiento del paciente, (2) su comportamiento, desde su propia perspectiva, (3) principalmente, comportamientos visibles en la interacción y (4) comportamientos que se repiten través de relaciones y periodos del tiempo.
Los valores individuales de la prueba /escala, pueden compararse con los valores de un grupo de referencia, en cuanto a las dimensiones de gravedad del sufrimiento, dominancia (vs. sumisión) y afecto (vs. hostilidad). De esta manera, se pueden obtener conclusiones sobre este aspecto específico de la relación, con esta paciente.
Otros procedimientos de prueba, que se centran (también) en el comportamiento de las personas con las que interactúa (por ejemplo, OPD-QS); tienen en cuenta la perspectiva de los demás o de la persona que realiza el diagnóstico (por ejemplo, IMI); tienen más en cuenta la experiencia interna (por ejemplo, CTQ); o se centran más en constelaciones relacionales específicas en la pareja (por ejemplo, ECR-R) o en la relación terapéutica (por ejemplo, WAI-SR, véase el cap. 1).
Otras ventajas del uso de pruebas psicológicas para el diagnóstico de relaciones son, por ejemplo, la posibilidad de garantizar la calidad y el control del proceso de las psicoterapias psicodinámicas, así como la integración de perspectivas más allá de la díada terapéutica (por ejemplo, informes de familiares). (Ver Tabla 21.1 del Anexo 21.C)
21.3 Formulación dinámica de las relaciones
Hemos determinado que las declaraciones sobre las relaciones pueden sistematizarse según diferentes criterios de forma y de contenido, y que pueden registrarse y verificarse mediante diferentes estrategias de recopilación de datos. Ahora se plantea la cuestión de cómo puede vincularse la información así obtenida, sobre las relaciones de un paciente, y utilizarse para planificar el tratamiento. Desde nuestro punto de vista, para ello es especialmente útil el esquema de Formulación Dinámica de las relaciones desarrollado en el marco del eje I- Relaciones OPD (véase la figura del Anexo 21.D)
En el esquema se combinan enfoques como el Tema Central del Conflicto Relacional (CCRT; Luborsky y Crits-Christoph, 1990) y el Patrón Cíclico Mal-adaptativo (CMP; Schacht et al., 1984) simplificandolos desde el punto de vista de la viabilidad (practicabilidad) clínica.
Los cuatro campos del esquema de Diagnóstico Relacional se denominan «posiciones interpersonales» o (desde el eje II Relaciones del OPD-3) «perspectivas interpersonales». Son el resultado de una combinación de los aspectos (criterios) de la forma, de la persona implicada (comportamiento del paciente en el lado izquierdo; comportamiento de los demás en el lado derecho) y de la perspectiva (punto de vista) del paciente en la mitad superior, y el punto de vista de los demás en la mitad inferior. De este modo, el comportamiento relacional de la paciente se entiende tanto como consecuencia, como causa de las reacciones de sus interlocutores, y pueden surgir posibles discrepancias entre las dos perspectivas experienciales
| Importante • Pasos del Diagnóstico Relacional (OPD-3) — En cada una de las cuatro posiciones interpersonales se marcan aquellos ítems que parecen típicos y disfuncionales, en las relaciones de un paciente. El número de ítems que se pueden seleccionar aún no está limitado. — En cada una de las cuatro posiciones interpersonales se determinan los ítems más importantes y se transfieren a una hoja de evaluación individual. En cada posición, se pueden seleccionar un máximo de tres items. — Entre las posiciones interpersonales se establecen conexiones y se resumen en una Formulación Dinámica de la Relación. Para ello, la persona que realiza el diagnóstico puede orientarse por las conexiones típicas (véase la figura del anexo 21.D) |
Las Formulaciones de la figura del anexo 21.D, se basan en un análisis de numerosos casos individuales y reflejan los contenidos y conexiones típicas de las posiciones (OPD-3).
-Desde la perspectiva de la experiencia de los pacientes, la secuencia de los acontecimientos suele discurrir de derecha a izquierda (conexión I): Los pacientes describen actos relacionales recurrentes de otras personas, que ellos perciben como decepcionantes, desagradables u hostiles y a los que deben reaccionar.
-Desde la perspectiva de los demás y de la persona que realiza el diagnóstico, las cosas suelen ser al revés: lo que la paciente describe como su reacción hacia los demás, aparece aquí como una oferta relacional problemática que desafía, complica y presiona a los demás, etc. A menudo, son estos aspectos de comportamiento proactivo (iniciador), los que se omiten en la experiencia personal (interna) del paciente y crean una discrepancia característica entre la experiencia personal y la ajena (conexión II). Además, con su Oferta de Relación, el paciente sugiere (provoca / induce) ciertas reacciones, que en la contratransferencia se experimentan como sentimientos, fantasías e impulsos de acción (conexión III). La persona que realiza el diagnóstico puede ahora comprobar si la paciente percibiría estas reacciones, exactamente igual que percibe y experiencia habitualmente el comportamiento de otras personas (conexión IV).
Si esta cuarta relación entre los impulsos experimentados en la contratransferencia y la experiencia del Objeto (sel Otro / de los demás) del paciente, puede establecerse de manera coherente, la interpretación del acontecimiento dinámico de la relación se habrá concluido con éxito. Se hace visible un círculo vicioso (auto- reforzante) en el que la paciente, al ofrecer su relación, provoca precisamente aquellas reacciones que en realidad teme y desea evitar. Para nuestro caso práctico, podría darse, por ejemplo, la siguiente formulación dinámica de la relación:
| Ejemplo de caso: -La Sra. F. siempre percibe a los demás (experiencia del Objeto) como personas que la menosprecian, la avergüenzan (ítem 11), la ignoran (ítem 16) o se imponen de forma descortés / insensible (ítem 8). -Ella reacciona a esto (experiencia de si misma) aislándose y retirándose (ítem 32) y cerrándose al afecto (ítem 29). -Los demás, y también el terapeuta, perciben esto (Oferta de Relación) como ignorar a los demás (ítem 16), como privación de afecto (ítem 13) y, posiblemente, como acusación y reproche (ítem 12). -A esto, los demás y también el propio terapeuta (respuesta sugerida) reaccionan ignorándola (ítem 16), acusándola / reprochándole (ítem 12) o también prestándole especial atención / cuidado (ítem 7). La primera reacción refuerza, a su vez, la típica experiencia Objetal del paciente, con lo que se cierra el círculo. |
21.4 Recomendaciones para la práctica
Aunque la terapia psicodinámica tradicionalmente concede más importancia a la reflexión intensa sobre las impresiones subjetivas y la experiencia de la contratransferencia, que a la aplicación de pruebas psicológicas (escalas) objetivadoras, no hay nada que impida, en principio, una mayor inclusión de dichos procedimientos. Por el contrario: su uso podría mejorar la confiabilidad y la validez de las declaraciones diagnósticas sobre las relaciones, y resultaría ser una valiosa ampliación de la propia práctica. En este sentido, parece recomendable probar diferentes procedimientos para ver si se pueden integrar, de forma provechosa, en la propia forma de trabajar. Hay que tener en cuenta que, dependiendo de su contenido, los cuestionarios / escalas (también) pueden provocar reacciones emocionales (por ejemplo, CTQ) o incertidumbres (por ejemplo, WAI-SR), por lo que es necesario un acompañamiento atento y, si es necesario, un seguimiento.
| Importante Una formulación bien fundamentada de la Dinámica de la Relación mediante el eje Relación OPD, no solo estimula una reflexión psicodinámica genuina de la interacción inmediata entre el terapeuta y el paciente, sino que, en nuestra opinión, también constituye una base sólida para la formulación de una psicodinámica individualizada en el informe al evaluador (Stasch et al., 2016). |
La consideración sistemática del eje Relación del OPD en el diagnóstico, la supervisión y la planificación del tratamiento, resulta ser un valioso complemento a los ejes «Conflicto» y «Estructura» (véase el capítulo 6), que suelen ser el centro de interés en la práctica clínica.
Preguntas frecuentes
¿Qué aspectos del Diagnóstico Relacional son especialmente característicos de la psicoterapia psicodinámica?
En un Diagnóstico Relacional de orientación psicodinámica, la experiencia de la contratransferencia de la persona que realiza el diagnóstico, se considera específica y deliberadamente, como una fuente de información; y la información recopilada se procesa en el sentido de una Formulación Dinámica de la Relación.
¿En qué se diferencian los sistemas de clasificación del comportamiento relacional según el OPD y el SASB?
La diferencia decisiva radica en que, en el sistema de clasificación del eje Relación del OPD, todos los comportamientos presentan una orientación básica patológica. Esto modifica, en primer lugar, el significado del eje de Afiliación, que, en el modelo SASB, marca la diferencia entre un comportamiento disfuncional (hostil) y uno funcional (amistoso). En cambio, en el modelo OPD, el aspecto amistoso de las mitades derechas del círculo se exagera (enfatiza) hacia la intrusión, la necesidad de armonía y la ingenuidad.
Bibliografía complementaria
— Grande, T., Dahlbender, R., Schauenburg, H., Stasch, M. & Cierpka, M. (2005). Neue Möglichkeiten der Diagnostik dysfunktionaler Beziehungen: Die Beziehungsachse der OPD-2. Zeitschrift für Psychosomatische Medizin und Psychotherapie, 51, 403–418.
— Schacht, T. E., Binder, J. L. & Strupp, H. H. (1984). The dynamic focus. In J. L. Binder & H. H. Strupp (Eds.), Psychotherapy in a new key. A guide to time-limited dynamic psychotherapy (pp. 65 – 109). New York: Basic Books.
— Thomas, A. & Strauß, B. (2008). Diagnostische Methoden nach dem Interpersonalen Modell der Persönlichkeit. Klinische Diagnostik und Evaluation, 1, 255–277.
— Grande, T: Conflicto y Estructura en las Relaciones
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VER ANEXOS