Dr. Álvaro E. Romero Pimienta
04 Enero de 2016
alvaroromerop@hotmail.com
Me pasa que, de repente, he tenido la experiencia directa (personal) de un problema de relación interpersonal, y no logro de momento, sino después de un rato (a veces uno o dos días), entender lo que ha pasado. Me digo a mismo que soy de “efecto retardado”. Creo que este calificativo es una respuesta que refleja mi exigencia de ver que, todo lo que he estudiado de psiquiatría y psicoanálisis, tiene su utilidad para comprender lo que pasa en el campo del psiquismo individual y en las relaciones humanas.
Hay un concepto que de primera intensión me aparece: “mecanismo de IDENTIFICACION PROYECTIVA”. Trataré de explicarla. Pero antes, recuerdo que un maestro nos comentó: “Que alegría y tranquilidad me dio el saber que cuando un paciente sentía odio y rechazo por mí, NO era a mí a quien odiaba sino a la figura que yo le representaba.
Entendí, entonces, que el paciente tenía una “Transferencia”…. Pero que tristeza me dio cuando supe que el paciente que tanto me amaba y me idealizaba, tampoco era a mí a quien adoraba, sino a la figura que yo le representaba”.
La transferencia no es un fenómeno que ocurre exclusivamente en la relación médico-paciente. Ocurre en la vida diaria, en la relación que cotidianamente tenemos con los demás. Yo transfiero sobre los Otros; los Otros transfieren sobre mí. Yo “veo” en el Otro lo que vi (y tal vez, no quiero ver) en un Otro, de mi pasado…. algo malo… o bueno.
Pocas veces nos preguntamos por qué le hemos “caído” bien a alguien. Lo damos por hecho. Pero no pasa lo mismo y nos inquieta, cuando no podemos entender por qué le hemos “caído” mal a alguien. Y puede suceder que algo hacemos o dejamos de hacer para “confirmarle” al Otro que tenia “razón” en no querernos. Se crea, pues, un circulo vicioso. Porque además, a veces, le “correspondemos” al que le hemos caído bien… y al que le hemos caído mal.
Nada de esto es trascendente cuando se trata de alguien con quien tendremos un encuentro fortuito y transitorio (un tipo a quien conocemos en una fiesta o durante un traslado en camión, o quien nos atiende en un negocio). El problema es más serio cuando se trata de alguien con quien vivimos y cuando lo que está en juego es algo importante p.e. en un ámbito laboral que afecta el desempeño, o en un contexto familiar donde se comparte todo… hasta la cama.
El fenómeno de la identificación proyectiva se ha explicado como un intento de “deshacerse” de imágenes intolerables (sentidas como malas y persecutorias en el interior de sí mismo) adjudicándoselas a Otro… “que se pone de modo”. En otras palabras… adjudicándole un rol… un papel, como si yo fuera el director de una obra de teatro y el Otro asumiera obedientemente ese papel…. O al revés.
Hay papeles que nos quedan muy bien, porque algo así “jugamos” o ejecutamos (públicamente) en el mundo. Hay papeles que el Otro nos adjudica, porque él necesita (ansiosamente) adjudicárselo a alguien… y sin premeditación o alevosía, nos lo adjudica a nosotros.
La transferencia tiene que ver con las imágenes (generalmente inconscientes) de otras personas de nuestro pasado (padres, p.e.) pero también, con partes o aspectos de nosotros mismos (del Self) que tampoco hemos asimilado, aceptado o integrado…. Aquello que no nos agrada de nosotros mismos y que, en la primera ocasión le proyectaremos al Otro…. y no solo se lo proyectaremos…. haremos que asuma, y actúe ese rol que yo le adjudico.
Sobre ¿QUE HACER? … existen varias alternativas.-
-Sé que es muy difícil adoptar un papel de “terapeuta” frente a Otro que tampoco es “mi paciente”. Pero mucho se podría lograr si internamente adoptamos este papel de terapeuta (“no es a mí a quien quiere; no es a mí a quien odia”), aunque no de manera grotesca, sino sutil, pues de lo contrario sería burlesco y solo provocaría mas enojo de parte del Otro. La estrategia fallaría.
-Se puede adoptar frente al Otro una actitud similar a la que una buena madre tendría frente a un hijo que le muestra su intenso enojo. Se trata, primero, de no responder con coraje, ya que de esta manera le confirmaríamos al niño que “verdaderamente somos odiosos” (que odiamos pero no debemos odiar).
Cuando logramos saber sobre las experiencias y circunstancias en que ha vivido una persona que nos odia, podemos entender por qué ahora tiene esos sentimientos hacia nosotros …. Esto ayuda a entender ( y tal vez, hacerle entender) que, ahora, estos afectos relacionados con personas de su pasado, los está repitiendo (transferencia) con
nosotros.
En general, por supuesto, se trata de… NO engancharse. Sería mas cómodo que anduviéramos en el mundo y nos relacionáramos con la gente sin necesidad de andarnos cuidando de que estas cosas sucedan. Pero esa no es la realidad. Sin darnos cuenta andamos buscando a quien
transferir….. y de quien ser objeto de su transferencia. Se trata de NO confirmarle al Otro esta adjudicación… Al contrario: “des-confirmarlo”….
Entiendo que esto puede no ser tan fácil, pero, por ahora, considérense esta ligera explicación.