II-5-a Diagnostico de Conflictos

Autor: Johannes C. Ehrenthal     

5.1 Antecedentes

Definición

Un conflicto siempre describe algo dinámico. Siguiendo la raíz latina «confligere», se trata, por un lado, de algo opuesto, contradictorio, aparentemente excluyente, pero también, al mismo tiempo, de una estrecha conexión entre estos opuestos o adversarios. Por lo tanto, algo conflictivo puede ser, en principio, cualquier cosa que, en la descripción de los pacientes, parezca contradictoria de alguna manera, pero que, en esta contradicción, estén relacionados entre sí.

Por lo tanto, para el diagnóstico psicoterapéutico es importante saber qué se entiende por conflicto antes de proceder al diagnóstico. Al hablar de dificultades o de la propia biografía, los conflictos pueden identificarse a niveles muy diferentes. Hay conflictos entre diferentes niveles de comunicación, conflictos entre acciones, conflictos entre pensamientos, sentimientos y acciones.

Importante:

Desde una perspectiva psicodinámica, es especialmente relevante la distinción entre conflictos interpersonales e intrapsíquicos y, en estos últimos, la cuestión de como se han afrontado las tareas de desarrollo («conflictos básicos»), los temas vitales resultantes, y los intentos habituales y disfuncionales de lidiar con temas vitales no resueltos («conflictos neuróticos»).

Modelos psicodinámicos tempranos (clásicos)

Una de las suposiciones básicas de la teoría psicoanalítica temprana era que lo que impulsa a las personas surge de una tensión fundamental entre principios contradictorios de la existencia humana (Benecke, 2014a, cap. 6). En particular, la contradicción entre el principio del placer, es decir, el esfuerzo por satisfacer, de inmediato, deseos o pulsiones, y el principio de la razón / realidad, es decir, el esfuerzo por controlar pulsiones o deseos, adaptando la satisfacción de estos deseos a las posibilidades y exigencias del entorno.

Desde el punto de vista de la psicología del Yo y de la teoría de las pulsiones, los impulsos inconscientes y las necesidades procedentes del Ello, que a su vez son regulados en gran medida por el Superyó, actúan de forma inconsciente, provocan la señal de ansiedad. Esta ansiedad (señal) alarma/ alerta al Yo, quien utiliza mecanismos de defensa más o menos maduros para satisfacer, en la medida de lo posible, a ambas instancias y preparar o inhibir las acciones correspondientes.

Importante. Por lo tanto, el compromiso es el núcleo del poder de desarrollo del conflicto.

Sin embargo, este logrado / exitoso (formación de) compromiso es incluso algo inteligente: «En realidad, la sustitución del principio del placer por el principio de realidad no significa la supresión del principio del placer, sino solo una garantía del mismo. Se renuncia a un placer momentáneo, incierto en sus consecuencias, pero solo para asegurarlo en el nuevo camino de un placer posterior» (Freud, 1960, p. 235).

Además de las formaciones de compromiso exitosos entre tendencias contradictorias, también hay otras menos exitosas. En el modelo clásico de neurosis, en términos sencillos, ocurre lo siguiente: un tema conflictivo, que no se ha resuelto o integrado adecuadamente en la historia de vida, conduce a una vulnerabilidad específica respecto a dicho tema.

Los acontecimientos vitales posteriores, internos o externos, que a menudo implican situaciones límite (criticas/ de umbral) o también situaciones de tentación o fracaso, relacionadas con el tema, desestabilizan las defensas y reactualizan el tema conflictivo anterior. Por un lado, esto conduce a una restricción de las posibilidades de percepción y solución («regresión») y a la defensa, de al menos una parte (aspecto), del conflicto.

En el síntoma neurótico, como un modo de formación subóptima del conflicto, a menudo se incluyen tanto el deseo como su defensa. En las formaciones de compromiso neuróticas, los «conjuntos de motivos» se mantienen mutuamente a raya y generan tensión y estrés (Mentzos, 1999, p. 76), por lo que los compromisos se convierten en un «intercambio/ trueque que sale caro» (Mentzos, 1999, p. 79). En este modelo, la sintomatología puede surgir tanto como resultado de una defensa rígida como de una defensa insuficiente (McWilliams, 2011).

En la gestión (afrontamiento) disfuncional de los conflictos internos, además de la sintomatología, también es problemático que las personas se vuelvan menos abiertas a nuevas experiencias vitales y, debido a la evitación, se vuelvan menos capaces de afrontar sus propios deseos rechazados/ reprimidos y se les dificulta, aún más, su integración futura.

Otros modelos psicodinámicos de conflicto

–Summers y Barber (2010) mencionan, además de la perspectiva de la Psicológica del Yo del conflicto entre pulsión y defensa; el modelo de conflicto basado en la Teoría de las relaciones objetales (conflicto entre representaciones objetales internalizadas) y el de la Psicología del Self (lucha entre los componentes adecuados de una autoestima).

Para el diagnóstico y la formulación de conflictos, Summers y Barber describen además el método Tema Central del Conflicto Relacional (CCRT; Luborsky y Crits-Christoph, 1990), que incluye tres componentes: lo que las personas desean de los demás (por ejemplo, ser amadas), la reacción experimentada por los demás (por ejemplo, el rechazo) y cómo reaccionan las personas ante esa reacción (por ejemplo, con desconfianza).

–Rudolf (2010) diferencia entre conflictos básicos y conflictos actualizados, conflictos tempranos y conflictos tardíos.

Importante:
Los conflictos básicos se refieren a las experiencias relacionales infantiles y a las tareas de desarrollo, deseos, afectos y estrategias de defensa, asociados a ellas.

En los conflictos actualizados, son los acontecimientos y tareas de la vida actual los que tocan, de manera especial, sensibilidades anteriores, de modo que las formaciones de compromisos actuales se ven afectados (desestabilizados). Los deseos y necesidades rechazados se transfieren, sin embargo, a figuras importantes de la vida actual. Los conflictos básicos tempranos se diferencian de los más tardíos en que, en su mayor parte, tienen lugar en contextos prelingüísticos y, por lo tanto, no son susceptibles de reflexión, en un primer momento, sino que se expresan de manera implícita y corporal, no obstante, poderosos.

En esta conceptualización, los conflictos básicos tempranos son los conflictos básicos de la cercanía, el apego y, en gran medida, el conflicto básico de la autonomía. En un sentido más estricto, el conflicto básico más tardío sería aquí, sobre todo, el conflicto básico de la identidad (Rudolf, 2010).

El diagnóstico psicodinámico operacionalizado (grupo de trabajo OPD-3), ha presentado una lista de temas conflictivos frecuentes basada en fenómenos observables (véase la tabla 22.1).

Tabla 22.1 Temas conflictivos, afectos centrales y afectos guía según OPD-3

ConflictoTemaEjemplos de afectos centrales, inconscientes; así como afectos guía, perceptibles (cercanos a la conciencia).
Dependencia vs. IndividuaciónSuperación de la inseguridad básica: sobre si una relación es posible; ‘confianza básica’Miedo existencial a la fusión o a la separación; miedo y aversión tan pronto como podría acercarse o cuando se insinúa una separación
Sometimiento vs. Control (autoeficacia)  Superación de la incertidumbre respecto a la propia autoeficacia; «ser agencia»Impotencia; enfado («caliente»), miedo a la sumisión, rebeldía y rabia, hasta llegar a la sed de poder
Necesidad de cuidados vs. autosuficiencia  Superación de la incertidumbre sobre obtener algo de los Otros o cuidarse a si mismoSentimiento de carencia, tristeza, decepción, envidia… u orgullo por la propia resiliencia y altruismo
Conflicto de autoestimaSuperación de la inseguridad en relación con la autoestimaInferioridad; vergüenza, ira narcisista  
Conflicto de culpaSuperación de la incertidumbre en relación con la asunción de responsabilidades, pro-socialidad y compensacionesSentimiento de culpa o de agresividad egoista; Miedo al castigo, reproches, enfado
Conflicto edípicoSuperación de la incertidumbre respecto a la propia identidad plena (también en el rol «como hombre» o «como mujer» (*)Inmadurez y exclusión; miedo al ridículo (vergüenza), timidez, aburrimiento o rivalidad, dramatismo, erotización
Conflicto de identidad    Superación de la disonancia identitaria, la incoherencia y discontinuidad personalAlienación y la falta de sentido, Auto desvalorización, miedo, ira y agotamiento por adaptación.

* Nota: No se trata tanto de cuestiones de asignación, en el sentido de aspectos de género, sino más bien de cuestiones de seguridad intrapsíquica, es decir, si la persona se siente lo suficientemente cómoda consigo misma, en su propio rol, en el sentido de una identidad de género, como para no tener que estarlo cuestionando o disimulando constantemente.

El OPD integra diferentes tradiciones psicodinámicas y las complementa con una sistemática del modo de procesamiento (afrontamiento) dominantes (activo-contra fóbico vs. pasivo-regresivo), afectos centrales y afectos guía, y su conexión con patrones interpersonales y realidades de la vida. El OPD se aleja así de una visión que asignaba síntomas específicos a conflictos específicos; que asignaba directamente los conflictos a zonas erógenas y la asignación de zonas erógenas a períodos del desarrollo específicos. En otras palabras: la sintomatología, como tal, es un tramo final común y puede tener causas muy diferentes.  

Del mismo modo, una constelación difícil, en una edad concreta, no conduce necesariamente a un tema motivacional conflictivo fijo (determinado), y el efecto de los sistemas motivacionales se manifiesta en niveles estructurales muy diferentes (grupo de trabajo OPD, 2023; p. 119 y ss.).

Se podría criticar esta perspectiva por abandonar las hipótesis clásicas de la psicología del desarrollo basada en la teoría de las pulsiones. Por otro lado, gracias a sus categorías cercanas a la observación, el OPD permite a menudo una terminología más clara y, posiblemente, un acceso más fácil al aprendizaje. Y, en última instancia, hace que el diagnóstico sea más interesante, probablemente también más específico y, por lo tanto, más útil, ya que uno se ve obligado, por así decirlo, a observar muy de cerca a cada paciente, para comprender cómo se debe entender el sufrimiento actual. O bien, Como escriben Rüger et al. (2012, p. 19) en el comentario de Faber-Haarstrick sobre las directrices de psicoterapia: “El uso de términos de la psicología profunda no transmite necesariamente un conocimiento psicodinámico. El camino desde el complejo de Edipo hasta la causa de una enfermedad mental actual es largo, es decir, requiere una discusión etiológica”

22.2 Investigación

El diagnóstico de conflictos puede estudiarse desde un punto de vista científico, sobre todo cuando se definen criterios observables que permiten clasificarlos en función de los temas conflictivos. Los aspectos conductuales y próximos a la conciencia de conflictividad, que a menudo combinan la formulación de patrones de relación, con suposiciones subyacentes conflictivas, pueden evaluarse, en su mayoría, con una buena concordancia Inter evaluadores. No es posible aquí, ofrecer aquí una descripción detallada, pero se puede encontrar una buena visión general en Simmonds et al. (2015) o en el manual OPD (Arbeitskreis OPD, 2023).

En relación con los aspectos de validez del diagnóstico de conflictos del OPD, son interesantes los resultados de la tesis doctoral de Rost (2011), que indican que el modo de procesamiento / afrontamiento de un tema conflictivo (en el OPD, pasivo-regresivo frente a activo-contrafóbico), es un vínculo importante entre los temas motivacionales ubicuos, inconscientes o preconscientes, y los datos de cuestionarios o escalas cercanos a la conciencia. Tanto en el ámbito anglosajón como en el germanoparlante, se han realizado intentos de reflejar los conflictos y los temas de conflictos relacionales, también en cuestionarios, cada uno con diferentes fortalezas y desafíos en términos de confiabilidad y validez (Connolly et al., 1999; Henkel et al., 2022; McCarty et al., 2008).

Caso práctico

Una estudiante muy brillante desarrolla síntomas de ansiedad y depresión antes de terminar sus estudios. En la entrevista diagnóstica queda claro que se enfrenta a la decisión de irse al extranjero para hacer un doctorado, lo que también significaría mudarse de la casa de sus padres. En la anamnesis se observan inseguridades en relación con temas de autoestima y cuidado, comprensibles desde el punto de vista de su historia de vida (conflicto de autoestima y conflicto de cuidados vs. autosuficiencia en el sentido del OPD-3).

 La hipótesis psicodinámica del terapeuta se puede formular de la siguiente manera: la situación de la finalización de los estudios reactiva ambos temas conflictivos. La tentación consiste en que podría demostrar(se) que es una persona lo suficientemente valiosa, ya que le han ofrecido una beca. La situación de fracaso consiste en que, si se mudara de casa, correría el riesgo, en su percepción, de tener que renunciar a que sus padres y familiares, algún día, le agradecieran todo lo que ella ha hecho por ellos.

Los síntomas depresivos sugieren, en relación con la defensa, una vuelta/giro contra si misma, de la ira- tabú – hacia los padres.

-Intrapsíquicamente, la joven sigue siendo pequeña y se considera a sí misma sin valor /inutil, lo que al menos le da seguridad en su propia experiencia, y le ayuda a evitar ver lo que realmente es capaz de hacer. Y, mientras evite esto, tampoco puede sentirse decepcionada por ser quizás «solo aceptable» y no magnífica.

-A nivel interpersonal, sigue en el rol de una persona a la que, debido a su depresión, ahora hay que ayudar, lo que correspondería al deseo (rechazado/ reprimido) de ser atendida / cuidada.

Las implicaciones terapéuticas de esta valoración podrían formularse de la siguiente manera:

El tema de la autoestima conllevaba el riesgo de que las intervenciones confrontativas se entendieran como críticas; y el tema de la atención/cuidados conllevaba el riesgo de que la paciente se adaptara, proveyendo al terapeuta con un supuesto buen curso de la terapia, para luego sentirse cada vez más insatisfecha porque, en algún momento, le preocuparía que se la estuviera descuidando. Por lo tanto, especialmente al comienzo del tratamiento, parecerá particularmente importante intervenir de una manera que avergüence lo menos posible.

22.3 Recomendaciones para la práctica

En la práctica del diagnóstico de conflictos, hay varias cosas que resultan útiles:

(1) Familiarícese con los modelos de conflicto

En última instancia, usted debe decidir en qué modelo desea registrar los conflictos. Si desea examinar los conflictos conscientes, simplemente puede preguntar dónde los pacientes se sienten en problemas. Probablemente se dará cuenta, rápidamente, de que esto no es suficiente para comprender por qué surgen o se mantienen los síntomas, y se preguntará por qué la persona que tiene delante no se decide, simplemente, termina sus estudios, o acepta la propuesta de matrimonio, etc., y entonces inevitablemente pasará a otros temas.

Conflictos básicos. Si le interesan los conflictos básicos, es importante que tenga ideas propias sobre los retos /desafíos que las personas deben superar en las diferentes etapas de la vida, y que intente captarlos en la conversación. Para ello, puede serle útil una anamnesis biográfica detallada, así como que le describan con precisión, detalle y ejemplos, a las personas de referencia primarias y la relación con ellas. Intente empatizar lo mejor posible con las realidades vitales del paciente, en aquellos momentos para, a partir de esto y en combinación con el resto de la información que recopile, desarrollar hipótesis sobre posibles conflictos básicos (Dührssen, 1997). Recuerde también que las constelaciones de conflictos intrapsíquicos a menudo se procesan a lo largo de la vida de una manera particularmente típica, aunque, especialmente en situaciones de crisis, a veces se observa un manejo aparentemente contrario de los temas.

Conflictos actualizados. Si le interesan los conflictos actualizados, debe pedir que le describan en detalle las situaciones difíciles actuales. Aquí le puede ayudar el modelo CCRT descrito anteriormente, así como el enfoque del Eje I- Relaciones del OPD (véase el capítulo 21). Este último, intenta describir patrones repetitivos y disfuncionales basándose en episodios relacionales:

— cómo suele percibir el paciente a sus interlocutores / contrapartes, o

— cómo responde el mismo con una reacción defensiva,

— cómo perciben (y reaccionan) los demás esta reacción, o sea,

   qué provoca en los demás (como impulsos contra transferenciales).

A menudo descubrirá algunas contradicciones entre la visión de los pacientes, cuando describen cómo lidian (en su percepción) con las adversidades del mundo, y cómo el mundo percibe estos esfuerzos. Este «malentendido central» debe aclararse, y una posibilidad es que se alimente de temas de conflicto inconscientes.

Si le interesan los conflictos interpersonales, el enfoque de la formulación del Eje I -Relaciones del OPD, también puede ayudarle. Sin embargo, también puede orientarse por otros modelos, ya que la mera descripción de las difíciles experiencias relacionales actuales es bastante consciente, y solo la pregunta de por qué se producen estas dificultades, una y otra vez, abarca también motivos y procesos inconscientes.

En otras palabras: se necesita un modelo (o modelos) teóricos de conflicto que permita interrogar, comprender o destilar a partir de la visión global de su información diagnóstica. El presente capítulo no pretende prescribirle qué modelo debe seguir, sino animarle a informarse ampliamente.

(2) Agudice su percepción

Rudolf (2010, p. 34) formula su tarea, en el diagnóstico de conflictos, de la siguiente manera: «Este tipo de polarización interna debe diagnosticarse para poder deducir un conflicto inconsciente». Por lo tanto, como terapeuta, debe desarrollar un radar para detectar contradicciones. Esto se refiere a contradicciones entre niveles muy diferentes: lo que dice una persona, los aspectos no verbales de la comunicación; y cómo usted reacciona, es decir, su contratransferencia (Yeomans et al., 2002). El contenido de la narrativa puede ser contradictorio en sí mismo, o no encajar con los otros dos canales de comunicación.

Los componentes no verbales de la comunicación se refieren a la forma en que un paciente habla de algo, es decir, el tono de voz, el volumen, la modulación, la participación afectiva, la postura y la expresión, la dirección de la mirada, si llora o ríe, o parece extrañamente indiferente.

La contratransferencia se compone de las realidades vitales de los interlocutores, así como de su respectiva disposición a transferir, e incluye todas las reacciones que un terapeuta tiene hacia su interlocutor (véase el capítulo 2). A través de su contratransferencia, usted es, por así decirlo, una caja de resonancia que se pone en movimiento a través de la interacción con su interlocutor. Preste atención a lo que le pasa por su cabeza durante la conversación con la persona en cuestión, qué fantasías, asociaciones, sensaciones corporales e impulsos siente, en qué momento (durante la entrevista) se comporta(ría) de manera diferente a como lo haría o debería hacerlo normalmente, dónde se involucra mucho o poco, dónde reacciona con emociones intensas (incluso después), dónde oculta, olvida o bloquea algo. Toda esta información puede ayudarle a comprender mejor los temas conflictivos de su interlocutor.

La percepción y el manejo de la transferencia negativa (véase el capítulo 56) tienen una importancia especial para el diagnóstico, ya que lo dificultan, pero también pueden indicar fenómenos de defensa intrapsíquicos o interpersonales. Binder (2004, pp. 215-216) menciona seis competencias que facilitan el manejo de la transferencia negativa:

— la capacidad de reconocer y percibir los patrones interpersonales y cuando aparecen en la interacción actual;

— la capacidad de ver la propia participación / contribución en una interacción potencialmente difícil;

— la capacidad de reconocer la interacción de influencias tanto del paciente como del terapeuta;

— la capacidad de seguir pensando y actuando, con claridad y concentración, incluso en una situación interpersonal potencialmente hostil,

— manteniendo la serenidad, la empatía y el respeto, y

— poder hablar de las posibles dificultades interpersonales, con la menor hostilidad abierta o encubierta posible, por su parte.

La mayoría de las personas (terapeutas) deben practicar el agudizar la percepción. Para ello, son de gran ayuda los supervisores experimentados y los grupos de supervisión, siempre que permitan un ambiente de trabajo respetuoso y abierto; pero también las grabaciones de audio y vídeo de sus conversaciones, como ya describió Argelander (2011). Sin embargo, también puede utilizar películas u observaciones cotidianas para practicar cómo percibir mejor sus propias sensaciones o expresarlas con palabras. Y, por supuesto, una experiencia personal satisfactoria, también sensibiliza sobre la propia participación en los patrones de relación.

(3) Haga preguntas tanto amplias como profundas.

Importante
Para comprender la psicodinámica y la dinámica de los conflictos de una persona, debe utilizar dos métodos complementarios para conducir la entrevista: hacer preguntas amplias y profundas.

Haga preguntas amplias. Hacer preguntas amplias significa examinar la anamnesis biográfica (véase el capítulo 5). De este modo, puede registrar líneas de desarrollo específicas en orden cronológico, por ejemplo, la historia familiar, el nacimiento y la infancia, la aparición de grupos de compañeros y el rendimiento en la guardería, la escuela, la formación, los estudios y la profesión, el desarrollo del cuerpo y los intereses en la adolescencia, la sexualidad y las relaciones de pareja, temas relacionados con los cambios en el papel de padres o abuelos, el balance, la despedida, la pérdida. O bien, puede examinar directamente diferentes ámbitos de la vida: la familia de origen, la pareja, el ámbito laboral /la profesión, el entorno social, las posesiones, el cuerpo y la sexualidad, y el manejo y la importancia de las enfermedades. La perspectiva de la anamnesis biográfica es importante para el diagnóstico de conflictos, ya que permite conocer las circunstancias vitales, los matices emocionales de las relaciones, las misiones transgeneracionales, los proyectos de vida, los deseos y las decepciones, que en su conjunto facilitan la deducción sobre los temas conflictivos. Además, al observar (toda) la trayectoria vital, también se ponen de manifiesto las vulnerabilidades y los «puntos débiles», que a su vez pueden ser objeto de un examen más detallado para descubrir por qué una persona se obsesiona con determinados temas o fracasa una y otra vez.

Pregunte en profundidad. Hacer preguntas en profundidad es una estrategia que sigue más bien la tradición de la comprensión escénica (cap. 3). Aquí se utilizan marcadores de importancia afectiva para buscar información, en el lugar adecuado, con la esperanza de encontrar el equivalente a una veta de oro. Por un lado, se deja describir los acontecimientos y experiencias para obtener información sobre el contenido, mientras que, al mismo tiempo, se observa la figura relacional que se crea entre usted y su interlocutor, y, posiblemente, la convierte en objeto de un examen más detallado. De este modo, se obtiene material muy condensado, por así decirlo: una «información en directo» sobre los deseos y los afectos, atribuciones, estrategias de defensa y de afrontamiento, asociados a ellos.

En resumen, ambas estrategias deben ayudarle a obtener información sobre los temas conflictivos, tanto a partir de la información sobre la historia de vida y los temas y rupturas que contiene (véanse los capítulos 5 y 17), como mediante la observación de los afectos centrales y los afectos guías (véase el capítulo 15) y como se gestionan en la interacción. Por supuesto, usted mismo debe procesar lo que obtenga mediante ambas estrategias.

-Si utiliza una estrategia «ascendente», recopilará muchos datos para organizarlos durante o después de una conversación. Si hace preguntas amplias / generales, a menudo obtendrá información más «objetiva», es decir, algo que, en teoría, también podrían ser observado por otras personas, a partir de una grabación de vídeo. La desventaja de esta estrategia es que obtendrá una gran cantidad de datos que deberá ordenar, procesar y poner en contexto significativo, y, con ello, quizá pase por alto (se pierdan) algunos matices relevantes para el diagnóstico, es decir, el significado de la información.

-Si sigue una estrategia «descendente» e interpreta la información escénica basándose únicamente en sus propias suposiciones (prejuicios), quizá pase por alto indicios importantes de inconsistencias en la narrativa, sobreestime las influencias de la situación y quizá sea menos capaz de examinar críticamente sus propias hipótesis (Ehrenthal, 2012).

Probablemente, la forma exacta en que formule las preguntas dependerá en gran medida del contexto de su trabajo y de sus preferencias personales, pero al menos debe saber lo que aún no ha averiguado. Lo que se omite puede ser una información diagnóstica interesante y, además, le da la libertad de decidir si sigue indagando o no. Si sabe qué tipo de obtención de información le resulta más fácil, pruebe el otro enfoque durante un tiempo y compruebe qué cambia con ello / que resulta.

(4) Identifique los signos de interrogación y el malentendido central. Si detecta alguna contradicción, debe señalarla mentalmente o en sus notas. Muchas de las impresiones fugaces, emociones y asociaciones, desaparecen rápidamente ante la complejidad de la situación conversacional o se suprimen mediante procesos defensivos, por lo que deben registrarse. A partir de estos «interrogantes», a menudo se condensan una o dos áreas de dificultad prototípicas, en la conversación. Si utiliza la Formulación Dinámica de Relaciones del OPD (cap. 21), también puede prestar especial atención al «malentendido central», es decir, la contradicción entre cómo las personas afrontan las adversidades del mundo, según su propia percepción, y cómo, sistemáticamente, los Otros evalúan estos intentos de afrontamiento de manera diferente. Esto corresponde a la difícil (complicada) Oferta relacional que surge en los patrones de interacción repetitivos y disfuncionales.

En otras palabras: si puede formular cómo algo siempre sale mal, el siguiente paso será más fácil, a saber: formular una hipótesis sobre cuál puede ser el motor, detrás de este patrón no deseado, pero que parece inevitable.

(5) Preste atención a los afectos centrales y a los afectos guía

Los afectos guía son aquellos que aparecen con especial frecuencia durante la conversación diagnostica, en los momentos importantes, o que parecen dominantes en general. Los afectos pueden aparecer en los pacientes, ser percibidos por los terapeutas o, por así decirlo, «flotar en el aire». Los afectos guía pueden dar indicios de lo reprimido (lo que no debe ser experimentado, como los estados o afectos centrales); o sobre los procesos de defensa (por ejemplo, la regulación de un afecto mediante el sentimiento de otro afecto), o sobre temas motivacionales, es decir, deseos más o menos conscientes.

El eje III- Conflictos del OPD propone, a partir de la experiencia clínica / práctica, una sistemática que es especialmente importante en el diagnóstico diferencial de temas de conflicto (véase la tabla 22.1). Por lo tanto, siempre puede preguntarse si el tema vital de una persona está más determinado por un conflicto u otro, y para ello puede recurrir especialmente al afecto guía. Las comprobaciones cruzadas (contrapruebas), las suposiciones sobre los afectos centrales evitados / reprimidos, y la comprobación de explicaciones alternativas, deben formar parte del procedimiento estándar de su práctica diagnóstica.

(6) Practique la formulación interna y externa

Una vez que haya recopilado, recogido y percibido la información diagnóstica, en la entrevista, puede empezar a formular hipótesis para sí mismo.

La forma exacta de expresarlas dependerá, en gran medida, de su modelo subyacente, su encargo, su objetivo y su formación previa. Además del CCRT, mencionado anteriormente, con sus tres posiciones y el OPD con sus cuatro posiciones más interpersonales, también puede utilizar modelos más sencillos, como la Frase Focal de Lachauer (2004). En este modelo se formula una frase, en primera persona, que, en la primera parte, describe de manera condensada («centrada») el problema de un paciente; para luego, en la segunda parte, formular una hipótesis sobre los antecedentes psicodinámicamente describibles del problema («Ayudo hasta el punto de exigirme demasiado a mí mismo, …»). porque, en realidad, me gustaría que me atendieran /cuidaran». Según el triángulo del conflicto de Malan (Malan y Asimo, 1992; citado en Benecke, 2014a, pp. 132-133), uno también se podría plantear las siguientes tres preguntas: «¿Qué quiere el paciente? ¿A qué le tiene miedo? ¿Y qué hace, entonces?».

Ejercicio de cuatro frases
Otra posibilidad es lo que podría describirse como un ejercicio de cuatro frases. En primer lugar, formule:
(1) lo que su interlocutor mismo identificaría como problema («La paciente no es capaz de mantener relaciones satisfactorias»). A continuación, describa
(2) primero un lado y luego
(3) el otro lado del «dilema» («Por un lado, desea poder apoyarse en alguien; por otro lado, los hombres que conoce son egocéntricos y despectivos o muy necesitados»). Por último, exprese
(4) su hipótesis sobre el motor de este dilema («De este modo, evita el miedo existencial que posiblemente sentiría, si realmente comprobara, si puede dejar que otros se acerquen a ella»).

Al leer el ejemplo, probablemente se dará cuenta de que precisamente la hipótesis psicodinámica, en este caso de un conflicto de dependencia-individuación, en el sentido del OPD, es solo uno de los muchos niveles de observación posibles. Esto es más la regla que la excepción en el diagnóstico de conflictos, por lo que resulta recomendable que, en lugar de buscar la «verdad definitiva», buscar activamente formulaciones e hipótesis alternativas y verificar si, y como, están relacionadas entre sí; y cuáles de ellas es especialmente útil para la situación en la que se encuentran usted y su interlocutor, en ese momento.  

(7) Compruebe si un tema de conflicto sirve para defender otro tema de conflicto.

Si ha planteado una hipótesis de conflicto psicodinámico, vale la pena comprobar, de nuevo, si el tema que ha delimitado es el principal (está en primer plano) con relación a la problemática actual o biográfica, o si tiene una clara función defensiva. Si, por ejemplo, un paciente se ve envuelto una y otra vez en temas de Sometimiento y Control, pero con ello regula, principalmente, la distancia con otras personas importantes, esto último sería probablemente un tema, al menos, igual de importante, en la evaluación de la dinámica del conflicto.

(8) Compruebe si las dificultades no se explican mejor por alteraciones estructurales de la personalidad.

En las personas con dificultades estructurales pronunciadas de la personalidad se encuentran, a nivel de contenido, los mismos temas motivacionales que en las personas cuyas funciones del Self están mejor desarrolladas. Sin embargo, estos suelen ser más fragmentados, contradictorios e inestables en su apariencia y dinámica; el contacto terapéutico es más propenso a las interferencias y las estrategias de intervención que se pueden derivar, a menudo difieren en puntos importantes (Ehrenthal y Grande, 2014). En este sentido, en cualquier forma de diagnóstico de conflictos, debería plantearse la pregunta inversa: si el dilema o la contradicción central de la persona que tiene delante, no se explica mejor por dificultades estructurales, o por una combinación de problemas estructurales y de conflicto (véase el capítulo 6).

Preguntas frecuentes

¿Qué describe el modelo clásico de conflicto?

La mediación del Yo entre las necesidades (las «pulsiones» del «Ello») y las limitaciones interiorizadas (prohibiciones, valores, normas, etc. del «Superyó» )..

¿Qué temas de conflicto describe el OPD-3?

Dependencia vs.Individuación, Sometimiento vs. Control, Necesidad de Cuidados vs. Autosuficiencia, Conflicto de Autoestima, Conflicto de Culpa, Conflicto Edípico, Cconflicto de Identidad.

Bibliografia complementaria

–Arbeitskreis OPD. (2023). Operationalisierte Psychodynamische Diagnostik OPD-3 – Das Manual für Diagnostik und Therapieplanung. Göttingen: Hogrefe.

–Mentzos, S. (1999). Neurotische Konfliktverarbeitung. Einführung in die psychoanalytische Neurosenlehre unter Berücksichtigung neuer Perspektiven. Frankfurt a. M.: Fischer.

–Rudolf, G. (2010). Psychodynamische Psychotherapie. Die Arbeit an Konflikt, Struktur und Trauma. Stuttgart: Schattauer.

–Romero A: Ejemplos de Sistemas Motivacionales

–Romero A: El sentido de la existencia humana y los Sistemas Motivacionales

–Romero A: Motivaciones


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